martes, 10 de noviembre de 2009

Chile: los mapuche denuncian violencia colonial


Frente a la Represión Estatal
(AW) El Estado chileno continúa con el legado de la dictadura: la represión ya carga con el asesinato de varios mapuche y la Justicia se ha encargado de hacer el resto, encarcelando a los dirigentes de ese pueblo.


Documento Político
La violencia colonial en Wallmapu


LUNES 09 DE NOVIEMBRE DE 2009

Los cuatro años de gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet se terminan con el Wallmapu en una espiral de violencia colonial que golpea de lleno a nuestro pueblo. La muerte de nuestros jóvenes, cobardemente asesinados por Carabineros de Chile; los traumatismos de nuestros niños, algunos de ellos incluso tiroteados con perdigones; las brutalidades contra nuestros ancianos, nuestros longko y machi, golpeados y humillados en los continuos allanamientos de nuestras comunidades por parte de efectivos del Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE), son la respuesta del Gobierno a las históricas reivindicaciones de nuestro pueblo.

Frente a las movilizaciones por la recuperación de tierras que legítimamente son nuestras, el Estado chileno ha optado por la represión, militarizando una vasta zona del País Mapuche. La estrategia es la intimidación, doblegar la voluntad, paralizar por miedo. La táctica son los allanamientos violentos contra las comunidades y hogares estudiantiles: se trata, en estos cuatro años, de cientos de allanamientos; algunas comunidades, como Temukuykuy, victimas de un estado de sitio permanente. El método es el ataque con tropas de choque, que equipadas con armas de guerra irrumpen brutalmente y en medio de insultos racistas golpean a las personas y destruyen sus casas. El costo humano para nuestro pueblo son cientos de heridos, muchos a bala o perdigón, algunos con secuelas físicas graves de por vida, y cientos de detenidos entre hombres, mujeres, niños y ancianos, todos maltratados y fichados como delincuentes.

Estamos aquí ante operaciones punitivas colectivas –pues la acción represiva no está dirigida contra una persona en particular sino contra la población de la reducción o los estudiantes del hogar en su conjunto– que se inscriben en una estrategia de intimidación dirigida contra todo el pueblo mapuche. Operaciones de este tipo fueron practicadas por la Dictadura, cuando tropas del Ejército tomaban por asalto poblaciones enteras como fue el caso de La Pincoya o La Victoria. El método de la punición colectiva es empleado hoy por el régimen chino contra tibetanos y uigures, por Turquía contra los kurdos o por Israel contra los palestinos; en el pasado lo usó la Francia colonial en Argelia e Inglaterra en Irlanda, también el Estado español contra los vascos y, desde luego, Chile y Argentina durante la «Pacificación de la Araucanía» y la «Campaña del Desierto», respectivamente. A lo largo de la historia ha sido siempre parte del arsenal represivo de los regímenes coloniales o de opresión nacional.

Carabineros es en Wallmapu una fuerza de ocupación y se comporta como tal; a ninguna categoría de la población chilena da el Estado el trato reservado a los mapuche. Las imágenes filmadas por Canal 13 el pasado 16 de octubre, que muestran cómo elementos del GOPE agreden salvajemente en la comisaría de Ercilla a nuestro peñi Carlos Kurinaw, hijo del longko de la comunidad Wañako Millaw, permiten hacerse una idea del comportamiento de esta tropa cuando opera al interior de las comunidades, lejos además de las cámaras de la televisión y los profesionales de la prensa. La violencia es también el hostigamiento policial, que en un contexto colonial es siempre racista. Una ilustración es la detención abusiva, el 3 de abril de 2008, de nuestro peñi Waykilaf Kadin cuando salía de la Intendencia Regional, filmada por un equipo de Canal 2 de Temuko presente en el lugar. La prepotencia policial fue tal que provocó la indignación del público presente, así como los comentarios escandalizados de un periodista del canal que cubría el hecho. Aquí la derecha no habla de vejámenes ni abusos policiales, por el contrario, guarda hipócrito silencio.

De la misma impunidad benefician los jefes policiales responsables del montaje destinado a encubrir el asesinato del peñi Jaime Mendoza Kollio. Quedó demostrado que las fuerzas represivas fabricaron pruebas y mintieron; más allá de un discreto y expedito traslado –en la misma función– a Magallanes del entonces Jefe de la IX Zona de Carabineros, Cristian Llévenes, ¿cuáles son las sanciones que el Gobierno prevé aplicar ante hechos de tal gravedad, comunes durante la pasada dictadura pero inaceptables en una democracia? ¿Qué garantía puede haber así de que se haga justicia y se castigue a los responsables de los asesinatos de Alex Lemun y Matías Katrileo, cuando sus casos radican en la justicia militar? En un verdadero Estado de derecho democrático los crímenes de militares contra civiles son competencia de la justicia penal ordinaria. No es el caso en un país como Chile, con una Constitución heredada de la dictadura y con poderes fácticos que han secuestrado por décadas la soberanía popular.

La represión policial va acompañada, lógicamente, de la represión judicial. E incluso del ensañamiento judicial, cuando se trata de dar satisfacción a los poderosos: la condena el 2003 a cinco años de cárcel por «amenaza terrorista» de los longko Pascual Pichun y Aniceto Norin, ilustra bien la parcialidad de la justicia. Reclamada por Agustín Figueroa, latifundista en Wallmapu, miembro de la Corte Suprema y ex ministro del Presidente Patricio Aylwin, la condena la consiguió en un segundo juicio, luego que un primer juicio absolviera a los longko. Se trata de juicios políticos, dirigidos contra militantes a quienes se les aplica la Ley de Seguridad Interior del Estado y la Ley Antiterrorista. El uso de una legislación de excepción por parte del Estado es criticado no sólo en Chile sino también por importantes organismos internacionales de Derechos Humanos. Ya en 2003 el informe elaborado por el Relator Especial sobre la situación de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales de los indígenas, Rodolfo Stavenhagen, del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, instaba al Gobierno a renunciar a su utilización por ser desproporcionada. En 2009, el nuevo Relator Especial James Anaya, en un segundo informe sobre la situación vuelve a insistir en el mismo sentido.

El responsable político de la represión contra nuestro pueblo es naturalmente el Gobierno de Chile, que no ha estado a la altura del conflicto en Wallmapu. Más aun, que no quiere ver su naturaleza política ni sus raíces históricas, criminalizando las movilizaciones y encarcelando nuestros hermanos. En vez de examinar el problema en toda su magnitud y complejidad y abordar las causas de fondo y buscarle solución, el Gobierno se ha comportado como simple sirviente de la CORMA, la SOFO y los latifundistas. Ha invertido cientos de miles de dólares para la protección de latifundistas y plantaciones forestales; otros cientos de miles son invertidos para el equipamiento de las fuerzas represivas utilizadas contra los mapuche. Todo un despliegue de medios y recursos por parte del Estado para resguardar los privilegios de los poderosos y reprimir a nuestra gente de las reducciones.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Reclamo de ladrilleros pampeanos

Somos un grupo de ladrilleros en lucha de la provincia de La Pampa.
La actividad ladrillera está quebrada.
A partir de la situación que vivimos, presionados por la crisis, la falta de lluvias que desfavorece la actividad agropecuaria que por esta región es indispensable para el desarrollo del resto de las actividades que se quieran desarrollar, tales como obras particulares donde nosotros podemos colocar nuestra producción y las visitas de AFIP haciendo operativos de control en una actividad como la ladrillera que siempre estuvo marginada y nunca tuvo un lugar dentro de la sociedad.
Por todo esto nos vimos obligados a buscar la manera de realizar un convenio.
Comenzando por relaciones laborales, donde se nos comunicó que nunca se había hecho un trato y nos dijeron que era necesario sancionar una ley y que debíamos ir a la lesgislatura, pues allí fuimos y nos dijeron que tenían que elaborar un proyecto que como todos sabemos, lleva tiempo, por lo tanto, seguía presionando nuestra difícil situación. Entonces, el 15 de Septiembre del año 2009 decidimos enviar una misiva al señor gobernador para que tuviera conocimiento de la situación, tenemos la copia de la misma con el sello de ingreso.
Los párrafos sobresalientes serían:
. que lo de la ley lleva tiempo, le pedimos que agilice los trámites. Nosotros no le pedimos ni crédito, ni subsidio, queremos trabajar, integrarnos a la sociedad mediante la creación de la ley y para esto que nos tuviera en cuenta en la obra pública en los próximos pliegos licitatorios de las casas de barrios a realizarse en la provincia. Porque los realizados hasta ahora se han hecho con ladrillos céramicos que no se producen en La Pampa y ladrillones que vienen de Mendoza subsidiados a un precio muy bajo, inferior a nuestros costos.
No hemos obtenido respuesta hasta el momento, visitamos a AFIP, hablamos con la jefa preguntando de qué manera controlar la entrada de ladrillos de Mendoza para que tengamos igualdad de condiciones y nos dijo que era una decisión política, fuimos a Casa De Gobierno a la Subsecretaría de Industria y Producción , donde el señor Bruna dijo que no se podía controlar la entrada de los ladrillos mendocinos, entonces decidimos hacer público el reclamo para que aparezca el responsable de la situación.

Mientras de un lado del Parque Recreativo "Don Tomás", el 18 de Diciembre la presidenta vendrá a inaugurar con bombos y platillos la monumental obra de la Ciudad Judicial que nos cuesta más de 50 millones de pesos, a 1000 metros la obra inconclusa del megaestadio en la cual se gastó otro montón de dinero, del lado opuesto hay gente trabajadora y humilde con ganas de producir y ganarse su sustento dignamente y las autoridades están ajenas a la situación y tendrían que ver nuestros amigos de la localidad de Cachirulo, productores de ladrillos en la deprimente situación que se encuentran, como así también los de la localidad de Toay.
Ya no están por estos lares ni CALZAR, ni CABLOPAMPEANA, ni INDUMENTARIA ARGENTINA, ni BOPASA, ni el MOLINO WERNER, ni LÁCTEOS PAMPA, o sea digamos no se está produciendo nada. Nosotros seríamos los únicos que a duras penas estamos subsistiendo, queremos producir, integrarnos a la sociedad y parece que esto fuera algo extraño(¿Querer producir? ) como si fuera lo más estúpido que se nos ocurre.


NECESITAMOS QUE USTEDES NOS DEN UNA MANO EN ESTO, ESTAMOS MUY SOLOS. MUCHAS GRACIAS.


Rubén Arrieta D.N.I: 13956390

Ecosocialismo: hacia una nueva civilización

04/11/2009 in Panorama Nacional
por Michael Löwy*
Las presentes crisis económica y ecológica son parte de una coyuntura histórica más general: estamos enfrentados con una crisis del presente modelo de civilización, la civilización Occidental moderna capitalista/industrial, basada en la ilimitada expansión y acumulación de capital, en la “mercantilización de todo” (Immanuel Wallerstein), en la despiadada explotación del trabajo y la naturaleza, en el individualismo y la competencia brutales, y en la destrucción masiva del medio ambiente. La creciente amenaza de ruptura del equilibrio ecológico apunta a un escenario catastrófico –el calentamiento global– que pone en peligro la supervivencia misma de la especie humana. Enfrentamos una crisis de civilización que demanda un cambio radical.[1]
Ecosocialismo es un intento de ofrecer una alternativa civilizatoria radical, fundada en los argumentos básicos del movimiento ecológico, y en la crítica marxista de la economía política. Opone al progreso destructivo capitalista (Marx) una política económica basada en criterios no monetarios y extraeconómicos: las necesidades sociales y el equilibrio ecológico. Esta síntesis dialéctica, intentada por un amplio espectro de autores, desde James O’Connor a Joel Kovel y John Bellamy Foster, y desde André Gorz (en sus escritos juveniles) a Elmar Altvater, es al mismo tiempo una crítica de la “ecología de mercado”, que no desafía el sistema capitalista, y del “socialismo productivista”, que ignora la cuestión de los limites naturales.
Según James O’Connor, el objetivo del socialismo ecológico es una nueva sociedad basada en la racionalidad ecológica, en el control democrático, en la equidad social, y el predominio del valor de uso sobre el valor de cambio. Agregaría que este objetivo requiere: a) propiedad colectiva de los medios de producción –“colectiva” quiere decir propiedad pública, cooperativa o comunitaria–; b) planificación democrática que permita a la sociedad definir metas de inversión y producción; y c) una nueva estructura tecnológica de las fuerzas productivas. En otros términos: una transformación social y económica revolucionaria.[2]
El problema con las tendencias dominantes de la izquierda durante el siglo XX –la socialdemocracia y el movimiento comunista de inspiración soviética– fue la aceptación del modelo de fuerzas productivas realmente existente. Mientras la primera se limita a una versión reformada –a lo sumo keynesiana– del sistema capitalista, el segundo desarrolló una forma colectivista – o capitalista de Estado– de productivismo. En ambos casos, la cuestión del medio ambiente quedó descartada, o fue marginada.
Los propios Marx y Engels no ignoraban las consecuencias ambientales destructivas del modo de producción capitalista: hay varios pasajes en El capital y otros escritos que muestran esta comprensión.[3] Creían además que el objetivo del socialismo no era producir cada vez más mercancías,sino dar a los seres humanos tiempo libre para el pleno desarrollo de sus potencialidades. De modo que ellos tienen poco en común con el “productivismo”, esto es, con la idea de que la ilimitada expansión de la producción es un objetivo en sí mismo.
Sin embargo, hay algunos pasajes en sus escritos que parecen sugerir que el socialismo permitiría el desarrollo de las fuerzas productivas más allá de los límites impuestos a estas por el sistema capitalista. Según este enfoque, la transformación socialista solo tendría que ver con las relaciones de producción capitalistas, convertidas en un obstáculo para el libre desarrollo de las fuerzas productivas existentes (se suele decir que las “encadena”); el socialismo significaría sobre todo la apropiación social de estas capacidades productivas, que las pondría al servicio de los trabajadores. Para citar un pasaje del Anti-Dühring, un trabajo canónico para varias generaciones de marxistas: el socialismo permitiría “que la sociedad, abiertamente y sin rodeos, tome posesión de esas fuerzas productivas que ya no admiten más dirección que la suya”.[4]
La experiencia de la Unión Soviética ilustra los problemas que se derivan de una apropiación colectivista del aparato de producción capitalista: desde el comienzo, predominó la tesis de la socialización de las fuerzas de producción existentes. Es cierto que, durante los primeros años tras la Revolución de Octubre, pudo desarrollarse una corriente ecológica y algunas (limitadas) medidas proteccionistas fueron tomadas por las autoridades soviéticas. Sin embargo, con el proceso de burocratización stalinista, las tendencias productivas, en la industria y la agricultura, fueron impuestas con métodos totalitarios, en tanto los ecologistas fueron marginados o eliminados. La catástrofe de Chernobil es un ejemplo extremo de las desastrosas consecuencias que tuvo la imitación de las tecnologías productivas de Occidente. Un cambio en las formas de propiedad que no sea seguido por la gestión democrática y la reorganización del sistema productivo solo puede llevar a un final terrible.
Los marxistas pueden inspirarse en lo que destacaba Marx en relación con la Comuna de Paris: los trabajadores no pueden tomar posesión del aparato del Estado capitalista y ponerlo a funcionar a su servicio. Deben “demolerlo” y reemplazarlo por una forma de poder político radicalmente diferente, democrático y no estatal.
Lo mismo es aplicable, mutatis mutandis, al aparato productivo: por su naturaleza, su estructura, no es neutral, sino que está al servicio de la acumulación de capital y de la ilimitada expansión del mercado. Está en contradicción con las necesidades de protección del ambiente y de la salud de la población. Es preciso, por lo tanto, “revolucionarlo”, en un proceso de transformación radical. Esto puede significar cancelar ciertas ramas de la producción: por ejemplo, las plantas nucleares, algunos métodos masivos/industriales de pesca (responsables por el exterminio de varias especies en los mares), la tala destructiva de selvas tropicales, etcétera (¡la lista es muy larga!). En cualquier caso, las fuerzas productivas, y no solo las relaciones de producción, deben ser transformadas profundamente, comenzando por una revolución del sistema energético, reemplazando los actuales recursos –esencialmente fósiles– responsables de la contaminación y envenenamiento del ambiente, por otros renovables, como el agua, el viento y el sol. Por supuesto, muchos logros científicos y tecnológicos modernos son valiosos, pero el sistema de producción debe ser transformado en su conjunto, y esto solo puede hacerse a través de métodos ecosocialistas, esto es, a través de una planificación democrática de la economía que tenga en cuenta la preservación del equilibrio ecológico.
El tema de la energía es decisivo para este proceso de cambio civilizatorio. Las energías fósiles (petróleo, carbón) son grandes responsables de la contaminación del planeta, como ocurre con el desastroso cambio climático; la energía nuclear es una falsa alternativa, no solo por el peligro de nuevos Chernobils, sino también porque nadie sabe qué hacer con las miles de toneladas de desperdicio radioactivo –tóxicos durante cientos, miles y en algunos casos millones de años– y las masas gigantescas de plantas obsoletas contaminadas. La energía solar, que nunca despertó mucho interés en las sociedades capitalistas, por no ser “rentable” ni “competitiva”, se convertiría en un objeto de investigación y desarrollo intensivo, y jugaría un papel central en la construcción de un sistema de energía alternativo.
Sectores enteros del sistema productivo deberían ser suprimidos o reestructurados, y otros nuevos deben desarrollarse, bajo la necesaria condición de pleno empleo para toda la fuerza laboral, en iguales condiciones de trabajo y salario. Esta condición es esencial, no solo porque es un requerimiento de la justicia social, sino para asegurar el apoyo de los trabajadores al proceso de transformación estructural de las fuerzas productivas. Proceso que es imposible sin el control público sobre los medios de producción y planificación, es decir, sin decisiones públicas sobre inversión y cambio tecnológico, que deben tomarse de los bancos y empresas capitalistaspara ponerlos al servicio del bien común de la sociedad.
La sociedad misma, y no un pequeño grupo de propietarios oligárquicos –ni una élite de tecno-burócratas– deben poder elegir, democráticamente, qué líneas productivas han de privilegiarse, y cuántos recursos deben invertirse en educación, salud o cultura. Los precios de los propios bienes no deben quedar librados a las “leyes de oferta y demanda” sino, hasta cierto punto, determinados de acuerdo con opciones políticas y sociales, así como con criterio ecológico, imponiendo impuestos a ciertos productos y precios subsidiados para otros. En términos ideales, a medida que avance la transición hacia el socialismo, cada vez más productos y servicios se distribuirían libres de cargo, de acuerdo con el deseo de los ciudadanos. Lejos de ser algo “despótico” en sí misma, la planificación es el ejercicio, por la sociedad toda, de sus libertades: libertad de decisión, y liberación de las alienantes y cosificadas “leyes económicas” del sistema capitalista, que determina la vida y muerte de los individuos, y los encierra en una “jaula de hierro” económica(Max Weber).La planificacióny la reducción de las horas de trabajo son los dos pasos decisivos de la humanidad hacia lo que Marx llamó “el reino de la libertad”. Un incremento significativo del tiempo libre es una condición para la participación democrática del pueblo trabajador en la discusión democrática y el manejo de la economía y la sociedad.
La concepción socialista de planificación no es más que la radical democratización de la economía: si las decisiones políticas no deben ser dejadas en manos de una pequeña élite de gobernantes, ¿por qué no aplicar el mismo principio a las decisiones económicas? Estoy dejando de lado el tema de la proporción específica entre planificación y mecanismos de mercado: durante los primeros pasos de una nueva sociedad, los mercados mantendrían ciertamente un lugar importante, pero al avanzar la transición hacia el socialismo, la planificación se volvería cada vez más predominante, a expensas de la ley del valor de cambio.
En tanto en el capitalismo el valor de uso es solo un medio, a veces un engaño, al servicio del valor de cambio y la ganancia –lo que explica, dicho sea de paso, por qué tantos productos en la sociedad son sustancialmente innecesarios–, en una economía socialista planificada el valor de uso es el único criterio para la producción de bienes y servicios, con consecuencias económicas, sociales y ecológicas de largo alcance. Como observó Joel Kovel: “El acrecentamiento de los valores de usoy la correspondiente reestructuración de las necesidades se convierten ahora en los reguladores sociales de la tecnología, en lugar de ser esta, como bajo el capital, conversión de tiempo en plusvalía y dinero”.[5]
En una producción racionalmente organizada, el plan concierne a las principales opciones económicas, no a la administración de restaurantes, verdulerías y panaderías, negocios pequeños, empresas de artesanos o servicios. Es importante enfatizar que la planificación no es contradictoria con la autogestión por los trabajadores de sus unidades de producción: mientras que la decisión de transformar una planta automotrizen una que produce colectivos y tranvías es tomada por la sociedad como un todo mediante el plan, la organización interna y el funcionamiento de la planta estarán democráticamente manejados por sus propios trabajadores. Mucho se ha discutido sobre el carácter “centralizado” o “descentralizado” de la planificación, pero puede decirse que la cuestión es realmente el control democrático del plan a todos los niveles, local, regional, nacional, continental y, esperemos, internacional: temas ecológicos como el calentamiento global son planetarios y solo pueden ser tratados a escala global. Se podría llamar esta propuesta “planeamiento democrático global”; y es bastante opuesta a lo que usualmente se describe como “planificación central”, dado que las decisiones económicas y sociales no son tomadas por algún “centro”, sino democráticamente decididas por la población en cuestión.
Una planificación ecosocialista está basada entonces en un debate pluralista y democrático, en todos los niveles donde las decisiones deben ser tomadas: las diferentes propuestas son sometidas a la gente en cuestión, bajo la forma de partidos, plataformas, o cualquier otro movimiento político, y de acuerdo con esto se eligen delegados. Sin embargo, la democracia representativa debe ser completada –y corregida– por una democracia directa, donde la gente directamente elige –nivel local, nacional y, por último, global– ntre grandes opciones sociales y ecológicas: ¿el transporte público debe ser gratis? ¿Deben impuestos especiales los dueños de autos privados pagar para subsidiar el transporte público? ¿Debe la energía solar ser subsidiada para que compita con la energía fósil? ¿Deben reducirse las horas de trabajo semanal a 30, 25 o menos horas, aunque esto signifique la reducción de la producción? La naturaleza democrática de planificación no es contradictoria con la existencia de expertos, pero el papel de estos no es decidir, sino presentar sus puntos de vista –a veces distintos, si no contradictorios– a la población y dejar que esta elija la mejor solución.
¿Qué garantía hay de que la gente vaya a tomar decisiones ecológicas correctas, al precio de dejar de lado algunos hábitos de consumo? No existe una “garantía” que no sea apostar a la racionalidad de las decisiones democráticas, una vez que el poder del fetichismo de la mercancía esté roto. Por supuesto, existirán errores en las opciones populares, pero ¿quién cree que los expertos mismos no cometen errores? Uno no puede imaginar el establecimiento de dicha nueva sociedad sin que la mayoría de la población haya logrado, por sus luchas, su propia educación, y experiencia social, un alto nivel de conciencia socialista/ecológica; y esto hace razonable suponer que los errores, incluyendo decisiones que son inconsistentes con las necesidades del medio ambiente, van a corregirse. De cualquier modo, ¿no son acaso las alternativas propuestas –el mercado ciego, o una ecológica dictadura de “expertos”. mucho más peligrosas que el proceso democrático, con todas sus contradicciones?
El pasaje del “progreso destructivo” capitalista al ecosocialismo es un proceso histórico, una transformación permanentemente revolucionaria de la sociedad, de la cultura y de las mentalidades. Esta transición debe llevar, no solo a un nuevo modo de producción y a una sociedad igualitaria y democrática, sino también a un modo de vida alternativo, a una nueva civilización ecosocialista, mas allá del reino del dinero, mas allá de los hábitos de consumo artificialmente producidos por la publicidad, y mas allá de la producción sin límites de mercancías innecesarias y/o nocivas para el medio ambiente. Es importante enfatizar que semejante proceso no puede comenzar sin una transformación revolucionaria en las estructuras sociales y políticas, y el apoyo activo, por una vasta mayoría de la población, a un programa ecologista. El desarrollo de la conciencia socialista y la preocupación ecológica es un proceso, donde el factor decisivo es la propia experiencia de lucha popular, desde confrontaciones locales y parciales al cambio radical de la sociedad.
¿Hay que promover el desarrollo, o se debe elegir el “decrecimiento”? Me parece que ambas opciones comparten una concepción meramente cuantitativa del “crecimiento” –positivo o negativo– o de desarrollo de las fuerzas productivas. Hay una tercera postura, que me parece más apropiada: una transformación cualitativa del desarrollo. Esto significa poner fin al monstruoso despilfarro de recursos del capitalismo basado en la producción a gran escala de productos innecesarios y/o nocivos: las industrias de armamentos de son un buen ejemplo de esto, pero una gran parte de los “bienes” producidos en el capitalismo –con sus inherentes obsolescencias– no tienen mas utilidad que generar ganancias para las grandes corporaciones. La cuestión central no es el “consumo excesivo” en abstracto, sino el prevaleciente tipo de consumo, basado como está en la apropiación ostentosa, el desperdicio masivo, la alienación mercantilista, la obsesiva acumulación de bienes, y la compulsiva adquisición de seudonovedades impuestas por la “moda”. Una nueva sociedad orientaría la producción hacia la satisfacción de bienes auténticos, comenzando con aquellos que podrían describirse como “bíblicos” –agua, comida, ropa, hogar– pero incluyendo también servicios básicos: salud, educación, transporte, cultura.
Obviamente, los países del Sur, donde estas necesidades están lejos de ser satisfechas, van a necesitar de un nivel de “desarrollo” mucho mayor que los países avanzados industrialmente: construcción de rutas, hospitales, sistemas de cloacas, y otras infraestructuras. Pero no hay razón por la cual esto no pueda llevarse a cabo con un sistema productivo que sea amigable con el ambiente y que esté basado en energías renovables. Estos países necesitarán cultivar grandes cantidades de comida para nutrir su población hambrienta, pero esto puede ser mucho mejor alcanzado –como los movimientos campesinos organizados en el mundo en la red Via Campesina han estado reclamando por años– por una agricultura campesina biológica basada en unidades familiares, granjas cooperativas o colectivistas, mas que por los métodos destructivos y antisociales de empresas industriales/ganaderas, basadas en el uso intensivo de pesticidas, químicos y OGMs (Organismos Genéticamente Modificados). En vez del monstruoso sistema actual de endeudamiento y de explotación imperialistas de los recursos del Sur por parte de los países capitalistas/industriales, debería haber una corriente de ayuda tecnológica y económica desde el Norte hacia el Sur, sin que sea necesario –como algunos puritanos y ascéticos ecologistas parecen creer– que la población en Europa o Norteamérica “reduzca su calidad de vida”: solo deberán privarse del consumo obsesivo, inducido por el sistema capitalista, de mercancías inútiles que no corresponden a ninguna necesidad real.
¿Cómo distinguir las necesidades autenticas de las artificiales, falsas y provisionales? Las últimas son introducidas por la manipulación mental, esto es, la publicidad. El sistema publicitario ha invadido todas las esferas de la vida humana en las sociedades capitalistas modernas: no solo en cuanto al alimento y la ropa, sino también a los deportes, la cultura, la religión y la política que son moldeadas de acuerdo con sus reglas. Ha invadido nuestras calles, casillas de correo electrónico, pantallas de televisión, periódicos, paisajes, de un modo permanente, agresivo e insidioso que definitivamente contribuye a hábitos de consumo indudables y compulsivos. Además, desperdicia una cantidad astronómica de petróleo, electricidad, tiempo de trabajo, papel, químicos, y otras materias primas -todas pagadas por los consumidores- en una rama de producción que no es solo innecesaria desde el punto de vista humano, sino directamente contrapuesta a las necesidades reales de la sociedad. Mientras la publicidad es una dimensión indispensable de la economía de mercado capitalista, no tendría lugar en una sociedad en transición al socialismo, donde sería reemplazada por información sobre bienes y servicios facilitados por asociaciones de consumo. El criterio para distinguir una necesidad autentica de una artificial, es su persistencia después de la supresión de la publicidad (¡Coca-Cola!). Por supuesto, durante algunos años, los hábitos de consumo persistir inútiles persistirán; y nadie tiene el derecho de decirle a la gente cuáles son sus necesidades. El cambio en los patrones de consumo es un proceso histórico, así como un desafío educativo.
Algunas mercancías, como el auto individual, implican problemas más complejos. Los autos particulares son un problema público: matan y lesionan anualmente a miles de personas a escala mundial, contamina el aire en las grandes ciudades –con directas consecuencias para la salud de los niños y ancianos– y contribuyen de manera significativa al cambio climático. Sin embargo, responden a necesidades reales, al transportar a la gente a sus trabajos, casas o actividades de ocio. Experiencias locales en algunas ciudades europeas con administraciones con cuidados ecológicos muestran que es posible –con aprobación de la mayoría de la población– limitar progresivamente el porcentaje de automóviles individuales en circulación a favor de colectivos y tranvías. En un proceso de transición al ecosocialismo, donde el transporte público –subterráneo o no– estaría ampliamente extendido y sería gratuito para los usuarios, y donde los peatones y ciclistas tendrían sendas protegidas, el auto privado tendría un papel mucho menor que en la sociedad burguesa, donde se ha convertido en un una mercancía fetiche –promovida con una incisiva y agresiva publicidad–, un símbolo de prestigio, un signo de identidad (en los Estados Unidos, la licencia de conducir es un documento de identidad reconocido) central en la vida personal, social y erótica.
El ecosocialismo está basado en una apuesta que ya había promovido Marx: el predominio, en una sociedad sin clases y liberada de la alienación capitalista, del “ser” por encima del “tener”; vale decir, de tiempo libre para la realización personal mediante actividades culturales, deportivas, lúdicas, científicas, eróticas, artísticas y políticas, en lugar del deseo de poseer una infinidad de productos. La adquisición compulsiva es inducida por el fetichismo de la mercancíainherente al sistema capitalista, por la ideología dominante y por la propaganda: no existe ninguna prueba de que esto sea parte de la “eterna naturaleza humana”, como el discurso reaccionario quiere hacernos creer. Como Ernest Mandel enfatizó:
La continua acumulación de cada vez más mercancías (con una “utilidad marginal” decreciente) no es de ninguna manera una característica universal o incluso predominante de la naturaleza humana. El desarrollo de talentos e inclinaciones por su propio bien; la protección de la salud y la vida; el cuidado de los niños; el desarrollo de ricas relaciones sociales [...]; todos estos factores se convierten en motivaciones fundamentales una vez que las necesidades materiales básicas han sido satisfechas.[6]
Esto no significa que no surgirán conflictos, particularmente durante el proceso de transición, entre los requerimientos de la protección del ambiente y las necesidades sociales, entre los imperativos ecológicos y la necesidad de desarrollar infraestructuras básicas, particularmente en los países pobres, entre los hábitos de consumo populares y la escasez de recursos. ¡Una sociedad sin clases no es una sociedad sin contradicciones ni conflictos! Estos son inevitables: resolverlos será la tarea de una planificación democrática, en una perspectiva ecosocialista, liberada de los imperativos del capital y la obtención de ganancias, mediante una discusión abierta y pluralista, que desemboque en la toma de decisiones por la misma sociedad. Esta democracia arraigada y participativa es el único camino, no de prevenir errores, sino de permitir la autocorrección, por parte de la colectividad social, de sus propios errores.
¿Es esta una utopía? En su sentido etimológico –“algo que existe en ningún lado”–, ciertamente lo es. ¿Pero no son las utopías visiones de un futuro alternativo, imágenes deseadas de una sociedad diferente, un aspecto necesario de cualquier movimiento que quiere desafiar el orden establecido? Como explicó Daniel Singer en su testamente literario y político, Whose Millenium?, en un intenso capitulo titulado “Utopía realista”:
si el establishment ahora se ve tan sólido, a pesar de las circunstancias, y si el movimiento obrero o la izquierda en general están tan incapacitados, tan paralizados, es por la inaptitud para ofrecer una alternativa radical. [...] La regla básica del juego es que no se cuestione ni lo fundamental del argumento ni los fundamentos de la sociedad. Solo una alternativa global, que rompa con esas reglas de resignación y abdicación, puede dar al movimiento emancipatorio un impulso genuina.[7]
La utopía socialista y ecológica es solo una posibilidad objetiva, no el inevitable resultado de las contradicciones del capitalismo, o de las “leyes de hierro de la historia”. No es posible predecir el futuro sino en términos condicionales: ante la ausencia de una transformación ecosocialista, de un cambio radical en el paradigma civilizatorio, la lógica del capitalismo llevará al planeta a desastres ecológicos dramáticos, amenazando la salud y la vida de billones de seres humanos, y tal vez hasta la supervivencia de nuestra especie.
* * * *
Soñar y luchar por una nueva civilización no significa que no se pelee por concretas y urgentes reformas. Sin ninguna ilusión en un “capitalismo limpio”, uno debe tratar de ganar tiempo, y de imponer, a los poderes existen, algunos cambios elementales: la prohibición de HCFCs que están destruyendo la capa de ozono, una moratoria general en organismos genéticamente modificados, una drástica reducción en la emisión de gases con efecto invernadero, el desarrollo del transporte público, los impuestos para autos contaminantes, el reemplazo progresivo de camiones por trenes, una regulación severa de la industria pesquera, así como del uso de pesticidas y químicos en la producción agroindustrial. Estos y otros temas similares están en el corazón de la agenda del Global Justice Movement y el Foro Social Mundial, que han permitido, desde Seattle en 1999, la convergencia de movimientos sociales y ambientales en una lucha común en contra del sistema.
Estas urgentes demandas ecosociales pueden llevar a procesos de radicalización, a condición de no aceptar que se limiten sus objetivos conforme a los requerimientos del “mercado (capitalista)” o de la “competitividad”. De acuerdo a la lógica de lo que los marxistas llaman “un programa transicional”, cada pequeña victoria, cada avance parcial puede llevar inmediatamente a una demanda mayor, a un objetivo más radical.
Dichas luchas alrededor de temas concretos son importantes, no solo porque las victorias parciales son bienvenidas en sí mismas, sino también porque contribuyen a aumentar la conciencia social y ecológica, y porque promueven la actividad y autoorganización desde abajo: ambos son precondiciones decisivas y necesarias para una transformación radical del mundo, es decir, revolucionaria.
No hay razón para el optimismo: las entrelazadas élites gobernantes del sistema son increíblemente poderosas y las fuerzas radicales de oposición aún son chicas. Pero constituyen la única esperanza de que el catastrófico curso del “crecimiento” capitalista sea detenido. Walter Benjamin no definió la revolución como la locomotora de la historia, sino como el acto por el cual la humanidad acciona los frenos de emergencia del tren antes de caer al precipicio…

Publicado en Herramienta. Artículo enviado por el autor, traducido del inglés por María Luján Veiga.
* Löwy, Michael. Sociólogo brasileño e investigador del Consejo Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia. Autor, entre otros, de: Sublevación de melancolía: el romanticismo de contramano con la modernidad; El pensamiento del Che; La revolución en el Joven Marx; Dialéctica y Revolución; Marxismo y Teología de la Liberación. Colaborador y miembro del Consejo Asesor de Herramienta.
[1] Un notable análisis de la lógica destructiva del capital puede encontrarse en Joel Kovel, The Enemy of Nature. The End of Capitalism or the End of the World ?, N.York,; Zed Books, 2002. [Edición en castellano: El enemigo de la naturaleza. ¿El fin del capitalismo o el fin del mundo?, Buenos Aires, Asociación Civil Tesis 11, 2005.]
[2] John Bellamy Foster usa el concepto de “revolución ecológica”, pero argumenta que “una revolución ecológica global merecedora del nombre solo puede ocurrir como parte de una más amplia revolución social; y, yo insistiría, socialista. Dicha revolución [...] demandaría, como insistía Marx, que los productores asociados regulen racionalmente la relación metabólica del hombre con la naturaleza. [...] Debe inspirarse en William Morris, uno de los mas originales y ecologistas seguidores de Karl Marx, de Gandhi, y de otras figuras radicales, revolucionarias y materialistas, incluyendo a Marx mismo, llegando tan lejos como a Epicuro”. (“Organizing Ecological Revolution”, Monthly Review 57.5 (octubre de 2005), pp. 9-10).
[3] Ver John Bellamy Foster, Marx’s Ecology. Materialism and Nature, Nueva York, Monthly Review Press, 2000.
[4] F.Engels, Anti-Dühring, París, Ed. Sociales, 1950, p. 318. [Hay muchas ed. en castellano; cf.: México, Ediciones Fuente Cultural, 1945, p. 284.
[5] Joel Kovel, Enemy of Nature, p. 215 [ed. en castellano: p. 222]
[6] Ernest Mandel, Power and Money. A Marxist Theory o Bureaucracy, Londres, Verso, 1992, p. 206. [Hay edición en castellano: El Poder y el Dinero. Contribución a la teoría de la posible extinción del estado, México, Siglo Veintiuno, 1994, p. 294.
[7] D. Singer, Whose Millenium? Theirs or Ours?,Nueva York, Monthly Review Press, 1999, pp. 259-260.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Efectivos de la comisaría cuarta golpean a militante del FPDS

Comunicado de prensa

El Frente Popular Dario Santillan denuncia que en el día de la fecha quedó internado Pablo Solana, referente histórico del nuestro movimiento , por golpes internos , causados por la golpiza recibida por parte de efectivos de la comisaria cuarta en la madrugada del 4 de noviembre.
Pablo fue detenido y golpeado cuando se acercó a los efectivos policiales intentando impedir la paliza que le estaban dando la policia a compañeros del Frente de lucha, Antonio Vega y Ezequiel Fernandez, y mediar ante la airada reacción de sus compañeros, en circustancias que pudieron derivar en una masacre.
Vega fue hospitalizado despues de ser liberado.
Ayer Pablo fue uno de los negociadores que firmó el acuerdo que permitió levantar al acampe en la avenida 9 de julio. Hoy, afectado por fuertes dolores, fue hospitalizado.
Hacemos responsable de la salud de los compañeros:
- Al comisario y efectivos a los efectivos de la Comisaria Cuarta.
- Al Jefe de Gabinete Anibal Fernandez que con sus declaraciones desligitimando los justos reclamos sociales, alienta estos hechos protagonizados por la propia policia que él tendría que controlar.
- a todos los politicos y desinformadores mediaticos que claman represión contra las organizaciones sociales y editorializan sobre el Estatado Apolicial, con el mismo odio de clase que tuvieron en otras epocas de la historia agentina cuando los humildes reclamaron sus derechos y pretendieron intervenir en la politica argentina.

Frente Popular Dario Santillan

Foro de la Sociedad Civil paralelo a la cumbre de la FAO ¡Paremos la crisis, cambiemos el sistema alimentario!‏


Del 13 al 17 noviembre se reunirán en Roma más de 400 delegados (el número dependerá de la disponibilidad de fondos*) de 70 países diferentes en representación de organizaciones de pequeños productores de alimentos, organizaciones de agricultores, pescadores, pueblos indígenas, trabajadores rurales y de la alimentación, juventud rural, mujeres y grupos transhumantes, además de habitantes de ciudades afectados por la inseguridad alimentaria y ONG, con motivo de una iniciativa paralela a la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria organizada por la FAO. El Foro por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos 2009 está auspiciado por un Comité de Pilotaje Internacional (CPI) formado por diversas Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) que representan a los productores de alimentos y a los pueblos afectados.


En la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, cuando se calculaba que unos 830 millones de personas pasaban hambre, los gobiernos se comprometieron a reducir este número a la mitad para 2015. Hoy, en 2009, hay más de mil millones de personas malnutridas, el número más alto en cuatro décadas.


El mundo en que vivimos se enfrenta a una crisis estructural de múltiples frentes. Las crisis climática, energética, financiera y económica empeoran aún más la persistente crisis alimentaria; siendo sobre todo esta última la que más oleadas de protestas ha desencadenado en decenas de países. Lo cual demuestra claramente cómo el acceso equitativo a la comida es esencial para el bienestar de la gente, la justicia social y la democracia.


El Foro continuará su trabajo por un sistema de gobernanza de los sistemas alimentarios basado en los derechos humanos, labor comenzada en el Foro de las OSC en Roma en 1996. Se debatirán distintos temas para definir un plan de acción global de las OSC, incluyendo: relación entre población rural y urbana y métodos sostenibles para garantizar el acceso a la comida; cambio climático y modelos de producción que enfríen el planeta y reduzcan la vulnerabilidad de los pueblos frente a las variaciones del clima así como el acceso a los recursos naturales, la apropiación de tierras y el derecho igualitario a la tierra para hombres y mujeres.

Comunicado de prensa


Foro de la Sociedad Civil paralelo a la cumbre de la FAO:


¡Paremos la crisis, cambiemos el sistema alimentario!





La situación actual no es el resultado de un repentino cambio natural, sino el fruto de décadas de políticas nefastas. El Foro por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos pretende un cambio en las políticas agrarias y de alimentación dominantes gracias al análisis de las causas primarias del hambre y la malnutrición; y mediante la presentación de propuestas surgidas de años de resistencia de los pequeños productores de alimentos y los pobres de las ciudades. No hay solución para las múltiples crisis del mundo mientras la sociedad civil no tenga un papel protagonista y no exista un diálogo con los gobiernos.


Agenda de prensa


*

13 de noviembre, comienzo del Foro por la Soberanía Alimentaria de los pueblos. Mística de la tarde. Lugar: Città dell’altra economia, Largo Dino Frisullo (ex-Mattatoio, Testaccio, Roma) – Hay mapas a disposición de quien los solicite. – Lugar por confirmar.


*

14 de noviembre, 10:00 – Apertura del Foro por la Soberanía Alimentaria de los pueblos con una delegación de la FAO, del FIDA y del Ayuntamiento de Roma. Città dell’altra economia, Largo Dino Frisullo (ex-Mattatoio, Testaccio, Roma) - Hay mapas a disposición de quien los solicite. – Lugar por confirmar.


*

16 de noviembre, 12:00 – Cita con la prensa. Testimonios – Los líderes de diferentes países estarán disponibles para entrevistas. - Frente a la FAO. – Lugar por confirmar.


*

17 de noviembre, 13:30 – Rueda de prensa para clausurar el Foro por la Soberanía Alimentaria de los pueblos. Lugar: FAO, Viale delle Terme di Caracalla, Roma.



Contacto de prensa:

Emanuela Russo

Jefa de prensa

Foro por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos 2009

Móvil italiano: +39 3490068499

manu.russo@gmail.com

Idiomas: Italiano, español, inglés


Página web: http://peoplesforum2009.foodsovereignty.org/


Los líderes de movimientos sociales de setenta países de África, las Americas, Asia y Europa estarán disponibles para entrevistas.


Organizador:

El Comité de Pilotaje Internacional del Foro es el responsable de la organización. Se compone de las siguientes organizaciones:


*

Agricultores: Hay dos organizaciones globales de agricultores principales:

*

FIPA (Federación Internacional de Productores Agropecuarios): Ajay Vashee, Zambia (o Nora Ourabah, Francia)

La FIPA es una organización mundial que representa a más de 600 millones de familias de agricultores agrupadas en 120 organizaciones nacionales de 79 países. Es una red global en la que los agricultores de los países industrializados y en desarrollo comparten inquietudes y establecen prioridades comunes.


*

Via Campesina: Nettie Webbe, Canadá

Via Campesina es un movimiento internacional de campesinos, pequeños y medianos productores, personas sin tierra, mujeres del mundo rural, pueblos indígenas, juventud rural y trabajadores agrícolas. Es un movimiento autónomo, plural y multicultural, independiente de toda filiación política, económica o de cualquier otro tipo. Nuestros miembros proceden de 56 países de Asia, África, Europa y las Americas.

Organizaciones regionales de agricultores de:

*

África – ROPPA (Red de Organizaciones Campesinas y de Productores Agrícolas de África Occidental): Ndiogou Fall, Senegal

La red de organizaciones campesinas y de productores de África Occidental (ROPPA) se fundó oficialmente en julio de 2000, durante una reunión en Cotonou a la que asistieron unos cien agricultores en representación de sus respectivas organizaciones de 10 países de África Occidental.

*

América Latina – COPROFAM (Confederación de Organizaciones de Productores Familiares del Mercosur Ampliado): Alessandra Da Costa Lunas, Brasil

COPROFAM es la Coordinación de Organizaciones de Productores Familiares de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Perú, Paraguay y Uruguay.


*

Asia – AFA (Asociación de Agricultores de Asia para el Desarrollo Sostenible Rural): Esther Penunia, Filipinas

La Asociación de agricultores de Asia para el desarrollo sostenible rural (AFA según siglas en inglés) es una alianza regional de 9 federaciones de agricultores de 8 países asiáticos que representa a 10 millones de agricultores. Se estableció en mayo de 2002.


*

Pescadores: hay dos foros globales de pescadores principales


*

WFF (Foro Mundial de Pescadores y Trabajadores de la Pesca) Margaret Nakato, Uganda y Arthur Bogason, Islandia

El WFF es una organización internacional de pescadores de bajura. Actualmente pertenecen a él asociaciones de pesca comercial de 23 países. El objetivo de la organización es trabajar por una pesca sostenible y que se dé prioridad a los intereses de los pescadores de bajura.

*

WFFP (Foro mundial de pueblos pescadores): Herman Kumara, Sri Lanka

El WFFP es una federación de organizaciones que trabajan principalmente en Asia y África. Se trata principalmente de pueblos pesqueros asentados en la costa que usan aparejos tradicionales. Se reunieron en 1997 para luchar por sus derechos y para proteger los recursos pesqueros de las costas.


*

Transhumantes - KSBA (Asociación de ganaderos de ovejas de Kirguistán): Akylbek Rakaev, República de Kirguistán

La KSBA agrupa a 105 cooperativas de ganadería ovina del país, abarcando 1138 familias productoras. La finalidad es crear unas condiciones favorables para el desarrollo de las cooperativas locales de ovejas y cabras, de modo que los ganaderos tengan un mejor acceso a mercados, créditos y recursos técnicos.

*

Organizaciones de pueblos indígenas – CITI (Consejo Internacional de Tratados Indios): Saúl Vicente, México

El Consejo Internacional de Tratados Indios (CITI) es una organización de pueblos indígenas de Norteamérica, América Central, Sudamérica, el Caribe y el Pacífico que trabaja por la soberanía y la autodeterminación de los pueblos indígenas, además del reconocimiento y la protección de los derechos, los tratados, las culturas tradicionales y las tierras sagradas indígenas.


*

Redes de ecologistas - ATI (Amigos de la Tierra Internacional): Martín Drago, Uruguay

Una de las mayores redes de ecologistas de base. Hacen campañas sobre los temas medioambientales y sociales más urgentes de hoy día, desafiando el modelo de globalización económica y empresarial imperante y promoviendo soluciones para crear sociedades medioambientalmente sostenibles y socialmente justas.


*

Organizaciones/redes agroecológicas – MAELA (Movimiento Agroecológico de América Latina): Felipe Íñiguez, México

Se trata de un movimiento plural con experiencia en el desarrollo, el análisis de investigación, la formación y la promoción. Se compone de más de 85 instituciones (grupos agrícolas, agricultores, ONG y centros universitarios). El MAELA propone alternativas a la neoliberalización del mercado y a la globalización, percibidas como algo discriminatorio y exclusivo.


*

Organizaciones sobre pobreza urbana – HIC (Coalición Internacional del Hábitat): Davinder Lamba, Kenya

La HIC es una alianza independiente, internacional y sin ánimo de lucro de 400 organizaciones. Incluye a movimientos sociales, organizaciones de base, organizaciones de la sociedad civil, ONG, comunidad académica, instituciones de investigación e individuos afines de 80 países, tanto del Norte como del Sur. Hay un conjunto de objetivos comunes que encuadran y dan forma a los compromisos de HIC con las comunidades que trabajan para asegurar la vivienda y mejorar las condiciones de su entorno.


*

Juventud – MIJARC (Movimiento Internacional de la Juventud Agrícola): George Fernandez, India

El MIJARC es un movimiento internacional que abarco otros movimientos en los cuatro continentes. La juventud rural de los 12 a los 30 años se compromete con estos movimientos de jóvenes rurales. Contribuyen localmente al desarrollo sostenible rural.


*

Organizaciones de derechos humanos – FIAN (FoodFirst International Action Network): Sofia Monsalve, Colombia (o Flavio Valente, Brasil)

FIAN es una organización internacional de derechos humanos que lleva más de 20 luchando por el respeto al derecho a la alimentación. FIAN se compone de secciones nacionales y miembros individuales de más de 50 países de todo el mundo. Es una organización sin ánimo de lucro ni filiaciones políticas o religiosas, y tiene estatus consultivo en Naciones Unidas.


*

ONGI:

*

Action Aid International: Francisco Sarmento, Brasil

ActionAid es una agencia internacional cuyo objetivo es luchar contra la pobreza en todo el mundo. Se creó en 1972 y lleva más de 30 años creciendo y expandiéndose hasta encontrarse donde está actualmente: ayudando a más de 13 millones de las personas más pobres y desfavorecidas en 42 países de todo el mundo.


*

Oxfam International: Chris Leather, residente en Italia

Oxfam International es una confederación de 14 organizaciones afines que colaboran entre sí y con aliados de todo el mundo. Trabajan con comunidades con el objetivo de influir a los poderosos para que mejore el sustento y la vida de los pobres; y puedan tener voz en las decisiones que les afectan.


*

Mujeres / Grupo Ad-hoc de ONGI con estatus consultivo formal frente a la FAO: Anita Fisicaro, Italia (o Paolo Rozera, Italia)

*

CPI (Comité de Planificación Internacional Para la Soberanía Alimentaria): Antonio Onorati, Italia

El CPI es un mecanismo de facilitación de unas 800 ONG, OSC/movimientos sociales preocupados por los aspectos y los programas sobre soberanía alimentaria. Incluye a organizaciones que representan a pequeños agricultores, pescadores, pueblos indígenas, transhumantes, juventud, sindicatos agrarios y ONG.


*

CISA (Comité de Soberanía Alimentaria de Italia, país anfitrión): Sergio Marelli, Italia


Apoyo: Secretaría del CPI




* Con el apoyo de

NORAD – Agencia noruega para la cooperación al desarrollo, Ayuntamiento de Roma, FIDA, Generalitat de Cataluña, SDC – Cooperación al desarrollo suiza, Gobierno del Brasil, Bröt fur Alle, Action Aid International, EED, Oxfam International y la autofinanciación de los movimientos sociales.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Actitud irresponsable

Ramón Minieri (Autor de Ese ajeno sur)

Al investigar para escribir mi libro, aprendí cosas ausentes en mi manual escolar.

Una: la ilegitimidad de ciertos títulos de propiedad. A empresas como la TASLCo, el Estado argentino les regaló extensiones enormes, diez veces el máximo legal, mediante testaferros, en concesión para “instalar colonos”. No trajo ni uno.

Dos: las enormes ventajas que usufructuaron estas empresas. No oblaban derechos de exportación o importación, ni tasa a las ganancias hasta 1933. Hasta 1946 no les dieron un sueldo decente a los peones, ni un colchón.

Tres: no hubo un “desierto” al que se conquistó. Se expropiaron a sus pobladores 78 millones de ha y se las privatizó a favor de empresas británicas y especuladores argentinos. Las colonias y chacras nacieron a contrapelo de esa política. Los nativos fueron desalojados violentamente; hubo campos de concentración, entrega de mujeres y niños a familias de las ciudades. Los restos de esos grupos suministraron la peonada de las estancias. Y siguen aquí, echados de sus lugares, hasta hoy.

Cuatro: estas historias no cesaron. Una nueva conquista en los años treinta, a cargo del general Justo, amigo de los estancieros, desalojó la reserva Nahuelpan. Y sigue la lucha de las comunidades por recuperar sus lugares, es decir su vida.

Cinco: la constitución violenta de nuestro Estado se mantiene sobre ciertos mitos que nos imbuyeron: el de que toda fundación requiere víctimas, el de los eficaces administradores extranjeros, el del indio malo y peligroso.

Hoy tenemos la oportunidad de refundar nuestro Estado a partir del protagonismo de sus diversos pueblos, repatriando a sus desterrados, reparando crímenes históricos. En esta encrucijada, es irresponsable la actitud de algunos medios y algún “entendido” que invocan la represión sobre las comunidades. Si de algo hubiera servido la violencia, ya no habría más violencia.

La Federal investiga la conexión entre mapuches y ETA


Por Gonzálo Sanchez / Crítica Digital - Sunday, Nov. 01, 2009 at 2:04 PM. Publicado en Observatorio Petrolero Sur


Inició tareas de inteligencia durante de la visita al sur de cinco vascos de la ong Askapena. ¿Nuevo escenario de conflicto o puro humo?
“Es un tema de seguridad nacional”, admitió un vocero de la Unidad Antiterrorismo de la Policía. Los líderes de las comunidades señalan que se trata de una campaña de difamación impulsada por estancieros, políticos y corporaciones.

Gonzalo Sánchez
01.11.2009

Territorio efervescente. Las comunidades mapuches de Neuquén, Río Negro y Chubut exigen que se les reconozca la ocupación ancestral de miles de hectáreas hoy en manos de terratenientes locales y foráneos.
La organización Askapena es una ONG internacional compuesta por ciudadanos del país y de la diáspora vasca. Sus integrantes son maestros, estudiantes y trabajadores que en sus vacaciones viajan a diferentes puntos del planeta para conocer realidades distintas. Los mueve la necesidad de acercarse a pueblos de todo el mundo que sufren alguna forma de opresión. Desde hace tres años visitan a los mapuches del sur de la Argentina, con quienes han establecido un vínculo fraternal, de intercambio cultural, político y social.

El ocho de agosto pasado, cinco militantes de Askapena participaron junto a un grupo de mapuches de un acto político que se llevó a cabo en la ciudad de Trelew en repudio de un caso de presunta represión policial contra comunidades originarias. Los vascos hablaron durante el encuentro acerca de la búsqueda de autonomía en el norte de España y todo transcurrió con normalidad, entre gritos de justicia, proclamas de libertad y bajo un cúmulo de nubes que presagiaban tempestades. Al finalizar el acto, mapuches y vascos se subieron a un micro alquilado y emprendieron viaje a la ciudad de Esquel. Pero, a poco de salir, cuando el colectivo se adentraba en la meseta yerma, un grupo de efectivos de la Policía Federal los interceptó. “Detuvieron el micro –cuenta Moira Millán, la líder campesina mapuche que encabezó el acto– y solicitaron documentos, en particular los pasaportes de los tres compañeros europeos. Nos obligaron a descender del micro. Pero nos negamos. Llamamos a un abogado, que envió a un colega rápidamente y pudimos seguir”.

Al llegar a Esquel, sobre la ruta de entrada, un camino que serpentea mientras desciende hacia un valle de colores ocres, la policía provincial y la Gendarmería volvieron a frenar al micro. Pero esta vez todo fue más evidente: los efectivos querían saber, con especial énfasis, quiénes eran los extranjeros. “Nos permitieron continuar –recuerda Millán–, pero cuando llegamos a destino nos encontramos con cuatro hombres de civil apostados frente a mi casa, arriba de un auto gris. Eran las cuatro de la madrugada y llovía torrencialmente: ese auto estuvo frente a mi casa en diferentes momentos, durante dos días. Mientras los vascos estuvieron de visita”.

Los vascos continuaron viaje, pero a Millán la vigilaron varios días más. El viernes 16 de octubre, luego de participar en actos públicos en Buenos Aires por el 11 de Octubre –para los pueblos originarios, el último día de libertad–, llegó a la terminal de micros de Retiro junto a otra compañera integrante de una organización social. Entonces se percató de que las estaban observando nuevamente. “Un sujeto nos siguió todo el tiempo. Cuando creíamos que había desaparecido, volvimos a encontrarnos con él en la misma dársena en la que iba abordar mi micro. El hombre subió al mismo micro que yo y descendió en Liniers, primera parada del recorrido. Apenas llegué a San Carlos de Bariloche, volvió a suceder lo mismo. Otro sujeto me empezó seguir hasta que me bajé en la terminal de Esquel, la ciudad donde vivo”.

La anécdota de los vascos en el sur y los seguimientos a Moira Millán, confirmados a Crítica de la Argentina por un vocero de la Unidad Antiterrorismo de la Policía Federal y otro de la Gendarmería Nacional, grafican una situación incipiente en el sur del país. Hace rato que la Patagonia dejó de ser el reino de la quietud para convertirse en un territorio efervescente y sin calma. Mientras las comunidades mapuches de Neuquén, Río Negro y Chubut exigen que se les reconozca la ocupación ancestral de miles de hectáreas hoy en poder de terratenientes locales y foráneos -y también del Estado-, latifundistas, empresarios, medios de comunicación y políticos denuncian a viva voz que algo está por estallar. Elucubran la teoría del regreso de la Araucanía, bajo el pretexto rebatible de que los mapuches provienen de Chile, y alientan fantasmas de toda índole. El mayor de ellos es el que sugiere la presunta existencia de una alianza político-militar entre aborígenes y organizaciones separatistas de Europa y Centroamérica.

“Con el argumento de un intercambio de la lengua –explica un hombre de la Federal–, miembros de ETA, digamos cuadros políticos, trazaron vínculos con los mapuches del sur. La policía hizo tareas de inteligencia, claro, sobre todo porque ETA se acercó al conflicto en Chile. Es un tema de seguridad nacional. Pero no lo podemos hacer público porque sería, estratégicamente, un error”.

El empresario Carlos “Nuno” Sapag, hermano del gobernador de Neuquén, Jorge Sapag, y gerente de una empresa minera, fue quien encarnó la denuncia más grave. El mes pasado, sin filtros, expresó públicamente que cuadros de ETA y de las FARC habían cruzado a la Argentina desde Chile para asesorar a los mapuches de su provincia en estrategias de guerrilla y recuperación de tierra. “Es necesario respaldar a los jueces y a las fuerzas de seguridad que muestran compromiso con su cargo”, destacó. “Sabemos que en la Novena Región hay gente escondida que pertenece a las FARC y a ETA y que se relaciona con algunos dirigentes mapuches para instalar la anarquía total en Neuquén”, agregó, apocalíptico. “Tienen armas y se financian con el narcotráfico”, continuó, y concluyó: “Sólo quieren aprovecharse para instaurar el terror”. Varias veces insistió con su pedido de mano dura.

Al cierre de esta edición, Sapag fue internado con un pico de presión, razón por la cual no pudo opinar para este artículo. Cuando se le preguntó a su vocero en qué se basó para formular las graves acusaciones contra el pueblo aborigen, su respuesta fue: “En informes del gobierno chileno, donde alertan que encontraron armas e instructivo de las FARC y además en versiones periodísticas. En la zona de Aluminé hay europeos con pelo rubio que participan de las tomas: no son gente mapuche”.

El cuadro de denuncias contra las comunidades originarias terminó de ilustrarse con la seguidilla de notas que publicó el diario La Nación –una de ellas firmada por el periodista Rolando Hanglin– con el título de “El regreso de la Araucanía”, apuntalando la teoría de que los mapuches “vinieron de Chile” y la idea de que los empresarios agropecuarios, terratenientes y hoteleros del sur están preocupados por el creciente número de recuperaciones de tierra que se llevaron adelante en los últimos años. En algo no se equivocan. Si en Chile el conflicto mapuche llegó a un punto álgido que suma comuneros muertos y represión por parte del aparato estatal, en la Argentina, las comunidades se han organizado para la resistencia. Muy a menudo, plantan la bandera del Puel Mapu sobre territorios recuperados y reclaman por reivindicaciones postergadas. El caso Benetton en Chubut opera como paradigma, pero hay muchas recuperaciones más a lo largo de la Patagonia. Sólo en Río Negro fueron recuperadas más de 170 mil hectáreas en los últimos años.

Chacho Liempe vive en El Bolsón, al sur de Río Negro. Es el titular del Consejo Asesor Indígenas, la organización política mapuche más grande de esa provincia. Reconoce que su pueblo está en movimiento. “Estamos mostrando que existimos y que buscamos nuevamente el espacio negado, el que nos corresponde como a cualquier ser humano –explica–. Cuando se cuenta la historia de la Campaña del Desierto, no se cuenta que aquí se practicó un exterminio y que los que lo ejecutaron fueron después los dueños de la tierra, los que amasaron sus fortunas con las costillas de nuestra gente. Sus descendientes, más algunos políticos y otras corporaciones, son los que ahora dicen falacias, esas barbaridades de que nosotros estamos con la guerrilla”.

“Pero cuando nuestro pueblo sale a reclamar tierra –continúa Liempe–, no sale con armas, sino con la ley, con elementos como el convenio 169 de Naciones Unidas, al que la Argentina adhiere, que reconoce la existencia de los pueblos antes de la existencia de la Nación”.

Liempe ahora le responde a Sapag. “Sus argumentos son pobres, pero, como tiene a los medios de comunicación para disparar, utiliza falacias como la de las FARC y ETA para distorsionar”.

La Policía Federal está detrás de la huella de células etarras en el sur, pero ¿realmente existe conexión entre mapuches y terroristas?

“La información de que el pueblo mapuche ha estado levantando grupos armados para realizar actos de carácter terroristas busca finalmente, según nuestra impresión, justificar todavía más la represión de la que es víctima, tanto en la Argentina como en Chile, y de esa forma quitarles a sus legítimas reivindicaciones la importancia pública que se merecen “, explica desde Chile Sergio Millamán, dirigente del Grupo de Trabajo Mapuche por Derechos Colectivos.

Moira Millán aventura: “Las fuerzas de seguridad temen que lo que ocurre en Chile suceda acá. El sabotaje a las corporaciones del lado chileno les mete miedo a las empresas del lado argentino y las hace pensar en si vale la pena seguir invirtiendo en esta zona. Entonces, la Argentina quiere mostrar un territorio seguro para la inversión. Patagonia tiene una unidad geográfica y todo lo que se produce en Chile se podría producir acá. En lugares como Chubut, se tiene una perspectiva muy radical de la lucha. Si se radicalizara la lucha en la Argentina, probablemente encontraríamos más apoyo del que tienen en Chile. De ahí la preocupación de la policía”.

–¿Pero existen vínculos como denuncian estos sectores con las FARC y ETA?

–No, lo que existe es un vínculo de solidaridad con los pueblos. Los zapatistas, los vascos han sido oprimidos como nosotros. Pero de ahí a que estemos haciendo una coordinación político-militar y que estemos financiados por el narcotráfico hay un largo trecho.