lunes, 16 de noviembre de 2009

Las Transnacionales contribuyen a aumentar el HAMBRE

Comunicado de prensa - La Via Campesina

Los Campesinos y Campesinas ofrecen SOLUCIONES

(Roma, 15 de noviembre del 2009) La Via Campesina esta aterrada de la arrogancia del sector privado y especialmente de Nestlé, al pretender ofrecer soluciones a la actual crisis alimentaria considerando que son las mismas transnacionales quienes han continuado a contribuir activamente a la creación de esta crisis.

Los comentarios del presidente de Nestlé durante la Conferencia del sector privado y de la FAO en Milan el pasado 12 de noviembre nos resultan particularmente chocantes dadas las conocidas campañas de Nestlé para fomentar la formula del consumo de leche para bebes en detrimento de la lactancia materna en los paises en desarrollo.

Muchas transnacionales han aumentado sus beneficios durante la crisis alimentaria y han jugado un rol principal al incrementar el hambre en el mundo mediante la toma de control sobre el sistema alimentario y los recursos productivos como la tierra y el agua, excluyendo a campesinos y campesinas de la misma producción alimentaria.

Estos actores privados han presionado por cambiar los modelos agricolas de producción, forzando a modos productivos intensivos e introduciendo tecnologias y politicas como los agrocombustibles, los transgénicos y la liberalización del comercio con el único interes de incrementar sus beneficios. Las deslumbrantes fallas de estas estrategias corporativas de las transnacionales frente al sistema alimentario son evidentes dadas las estadisticas que demuestran el constante aumento en las cifras de las personas que sufren de hambre en el mundo.

Sobre el tema de transgenicos, Javier Sánchez, representante del sindicato campesino COAG (miembro de la Vía Campesina), declaró: “Existe un consenso global entre campesinos y consumidores sobre las tecnologias de OGMs que permiten a las multinacionales tomar el control sobre las semillas negando a los agricultores la posibilidad de guardar sus propias semillas. Campesinos y campesinas pierden el derecho a producir alimentos libres de modificaciones geneticas mientras que los consumidores pierden el derecho de alimentarse al mismo tiempo con productos sin transgenicos. Este es un claro ejemplo de como la privatizacion de los recursos naturales va en contra de los intereses comunes. Los consumidores en Europa, con razón, estan rechazando este tipo de tecnologias;”

Henry Saragih, coordinador general de La Vía Campesina observa que en su pais natal, Indonesia, Nestlé ha contribuido directamente al empobrecimiento del campesinado y al fomento de la malnutricion particularmente entre los bebes, a traves del control de la produccion y del sistema de precios dentro del sector lechero.

Durante el Foro “Soberania Alimentaria Ya”, paralelo al Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria en Roma, las Organizaciones de la Sociedad Civil estan proponiendo las soluciones reales de la soberania alimentaria.

Información para los medios y entrevistas:

Annelies Schorpion:
Teléfono : +39 3312861096 (Entre el 12 y el 18 de noviembre)
e-mail: a.schorpion@eurovia.orga.schorpion@eurovia.org Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla y/o idelforge@viacampesina.orgidelforge@viacampesina.org Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

Más información en www.viacampesina.org

La Vía Campesina es un movimiento internacional que reúne a millones de campesinos, pequeños productores, sin tierra, mujeres rurales y trabajadores agrícolas alrededor del mundo. Nuestro movimiento está conformado por 148 organizaciones miembros activas en 69 países en Asia, Africa, Europa y las Américas.

Comunidad Indígena de Animaná se presenta a audiencia para defender el territorio.


Paraje Potrerillo, Departamento San Carlos, pcia. De Salta

13 de noviembre de 2009

EMPRESARIOS CAFAYATEÑOS USURPAN TERRITORIOS INDIGENAS

A pesar de la existencia de la Comunidad Indígena Diaguita Calchaquí de Animaná, empresarios siguen usurpando territorios, amparados por la policía y la Justicia provincial que archiva las denuncias de los miembros de la Comunidad. Solo gracias a la presión de las organizaciones se logró una audiencia para el día de hoy en la ciudad de Salta. Pero hay mucha preocupación por el desenlace de la instancia judicial.

El día miércoles 11 de noviembre, a pesar de las reiteradas denuncias por usurpación presentadas por miembros de la Comunidad Indígena Diaguita Calchaquí de Animaná, el empresario local Ramiro Michel ingresó nuevamente en el territorio de la comunidad acompañado por la policía para intentar empezar a “explotar” un sector del territorio, el paraje Potrerillo, reclamándolo como suyo. Sus palabras fueron “mientras tanto a esto lo exploto, porque a esto lo compré yo”...

Inmediatamente se hicieron presentes miembros de la comunidad, reclamando se respetaran sus derechos reconocidos por el artículo 75 de la Constitución Nacional , el convenio 169 de la OIT y la Ley Nacional 26.160.[1]

Asimismo, presentaron copias de las varias denuncias presentadas ante la justicia. Sin embargo, la policía presente solo reconocía algunos papeles presentados por el empresario, negando el derecho de la comunidad indígena. Incluso un anciano miembro de la comunidad sufrió el apremio psicológico policial al ser indagado merced a una denuncia en su contra presentada por el empresario.

Ante la presión de los miembros de la comunidad, y la presencia de miembros de las comunidades indígenas Diaguita Calchaqui de El Divisadero y Suri Diaguita Calchaqui de Santa Bárbara, y del Encuentro Calchaquí - Movimiento Nacional Campesino Indígena – Vía Campesina Argentina, la policía se vio obligada a comunicarse con el fiscal a cargo, quien finalmente convocó a una audiencia para el día de hoy a las 10:00 en la ciudad de Salta.

Este caso es uno más en el contexto de intentos de usurpación y avance sobre territorios campesinos e indígenas por parte de empresarios locales y extranjeros, buscando aumentar sus negocios a partir de la explotación ambiciosa de nuestros bienes naturales. El mismo día de este hecho, la vecina comunidad indígena de El Divisadero impidió la usurpación de sus territorios por parte de un empresario acompañado por la policía sin ningún tipo de orden judicial. Y estas comunidades son parte del mismo territorio Diaguita del que forma parte la comunidad de Chuschagasta, donde el mismo 12 de octubre fue asesinado un miembro mayor de la comunidad en manos de un empresario.

La audiencia se realizará en el Juzgado de Instrucción Formal de 4a. Nominación, Juez Dr. Antonio Pastrana. La presión de todas las organizaciones aportará para que se garantice el acceso al Derecho por parte de la comunidad.

Teléfono del Juzgado: (0387) 425-8040. Ciudad Judicial de la ciudad de Salta.

Encuentro Calchaquí – Movimiento Nacional Campesino Indígena – Vía Campesina Argentina

encuentrocalchaqui@yahoo.com.ar – movnaccampesinoindigena@gmail.com


Contacto de prensa: (03868) 15 402-067 / (03868) 15 459-866

DINERO VENENO


LA UNCUYO DEBATE SOBRE LOS FONDOS DE LA ALUMBRERA

Por: nOTICIERO pOPULAR -Mza-

Ayer miércoles 11 de noviembre, en la sesión de Consejo Superior de la Universidad Nacional de Cuyo se hicieron presentes estudiantes, docentes pertenecientes a FADIUNC y la Asamblea Popular por el Agua de Mendoza, para solicitarle al mismo que explicite la posición que se iba a tomar frente a los fondos provenientes de YMAD (Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio).
YMAD está integrado por representantes del Poder Ejecutivo Nacional, el gobierno de Catamarca y la Universidad de Tucumán, pero ésta a la vez forma con Minera Alumbrera Limited una Unión Transitoria de Empresas (UTE). Como bien ha denunciado el Nobel de la Paz , Adolfo Perez Esquivel, “entre otros muchos efectos desastrosos provocados por la gran minería, cabe recordar que el uso indiscriminado del agua por Minera Alumbrera Ltd. (100 millones de litros por día) provocó la desaparición de la gran parte de las actividades agrícolas en los departamentos aledaños[1]; la contaminación del agua y del aire aumentó de manera constante los casos de cáncer y las enfermedades respiratorias[2], y provocó la muerte de muchos animales (tanto ganado como animales salvajes); la libertad de expresión de los ciudadanos es cada día más violada. Se trata de una actividad que afecta de manera ampliamente negativa las condiciones de vida no sólo de las poblaciones actuales, sino también de las generaciones futuras”. Además -y entendiendo que no es un dato menor- tal como lo destaca Mirta Antonelli (profesora de la Universidad de Córdoba) “hay un aspecto ético involucrado, porque se trata de fondos cuya procedencia está judicializada por contaminación, que es un delito federal. Ahora se están haciendo cómplices todas las universidades”[3].

En virtud de la Ley 14.771 y sin mayor debate, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) decidió, el 10 de julio de 2008, la distribución de 50 millones de pesos, provenientes del emprendimiento Bajo La Alumbrera , de YMAD.

Llegó la hora en que la UNCuyo debe decidir si recibir o no los fondos de YMAD. Por ello, en el día de ayer estudiantes, docentes y militantes de la Asamblea de Mendoza , se reunieron para exigir al Consejo Superior que antes de tomar una decisión en relación a los fondos, abra el debate a toda la sociedad.

Precisamente, fueron el consejero estudiantil y el docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, quienes sentaron su posición por el rechazo de los fondos. Si bien en el orden del día no estaba planteado tomar dicha decisión, la Comisión de Interpretación y Reglamento -en el expediente del trabajo realizado la semana anterior- se limitaba a comunicar que legalmente los fondos pueden ser aceptados, sin plantear en ningún momento el debate sobre los mismos, y menos aún, el rechazo de dichos fondos.

Así luego de más de una hora de intervención de docentes de Fadiunc, de consejeros/as y del mismo Rector, Arturo Somoza, se decidió organizar un debate sobre el tema minero antes de llegar a la instancia de votación por la aceptación o rechazo de los fondos de YMAD, aunque el mismo no sería vinculante, como bien aclaró el mismo Rector.

Cabe destacar que este máximo órgano de decisión no pensaba dar este debate hacia las afuera de su recinto y menos aún hacer pública la decisión que se tomaría frente a estos fondos. Un par de horas después de esta sesión frustrada, se publicó un artículo en la página oficial de la universidad titulado: La UNCuyo organizará debate sobre minería antes de resolver si acepta los fondos. Por un lado, se podría haber titulado en negativo (antes de resolver si NO acepta los fondos) y por el otro, dicha noticia no muestra cómo fue que se llegó a tal resolución, es decir no cuenta por qué ahora se organizará un debate. Sólo se toman las declaraciones del rector, desconociendo que el debate público fue una iniciativa de los y las docentes de Fadiunc y de los/as Consejeros/as que plantean el rechazo de los fondos.

La situación no es menor, la sociedad mendocina (y argentina) no debe quedar fuera de esta discusión, ya que la universidad pública tiene la obligación de ejercer una mirada crítica y coherente sobre toda actividad que se realice y sus posibles impactos en la población. Una vez más, la universidad se aleja de su rol principal, acepta condicionamientos ideológicos y se rebaja a que la producción de saberes dependa de fondos que provienen de una actividad tan vergonzosa y cuestionada como la de multinacionales que ejercen proyectos megamineros. Y no sólo se trata de este tipo de empresas, sino de varias otras corporaciones económicas que han logrado cooptar a los y las docentes, sus currículas y los espacios de práctica universitaria, generando la aceptación y complacencia con los proyectos sojeros y con la megaminería saqueante y contaminante.

La jornada del día de ayer nos demuestra, una vez más, que solo la organización y la presencia de los/as que luchan, hace cambiar el rumbo de los grandes capitales. Sólo se ha ganado un poco de tiempo para poder debatir y conocer de dónde provienen estos fondos, qué daños han causado y causan a la naturaleza y la sociedad, cuánta contaminación nos están dejando y cuánto nos están saqueando.

Esperamos que la Universidad Nacional de Cuyo diga NO a los fondos de YMAD, así como lo hicieron otras universidades del país[4]. Porque si bien la Universidad no es soberana, si es autónoma y esa autonomía debería ser la que le permita poner su conocimiento al servicio del pueblo y no de los grandes capitales.



Adjuntamos:

- Carta de Pérez Esquivel al Consejo Interuniversitario Nacional (CIN)

- Nota del portal web de la UNRío Cuarto, que rechazó estos fondos

- Resolución del Consejo Directivo de la Facultad de Psicología de la UNCórdoba





[1] Ortiz, Ricardo, Las empresas transnacionales en la minería argentina: seguridad jurídica para las empresas, inseguridad ambiental e incumplimiento de los derechos de las comunidades locales, Informe de investigación, Observatorio de las Empresas Transnacionales, Foro Ciudadano de Participación para la Justicia y los Derechos Humanos, Buenos Aires, 2007.

[2] Entre 1998 y 2002, luego del comienzo de la explotación de Bajo La Alumbrera , el número de patologías respiratorias de los niños aumentó un 63% según datos del servicio de pediatría del Hospital Zonal de Andalgalá en Catamarca (Nota nº44/03, área programática nº9). Desde entonces el hospital dejó de publicar datos estadísticos al respecto.

[3] “El oro no brilla en la academia”, Página 12, 5 de junio de 2009.

[4] Estos fondos han sido rechazados por la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER): las facultades de Trabajo Social, Ingeniería, Ciencias de la Educación y Bromatología. En la Universidad Nacional de Córdoba (UNC): las facultades de Psicología, Filosofía y Humanidades y Derecho y Ciencias Sociales. Por último, la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta (UNSA). Entre las unidades académicas están: la Sede Esquel de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Unpsjb) y las escuelas de Ciencias de la Información y Biología de la UNC.


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Asamblea Popular por el Agua
CONTRA EL SAQUEO Y LA CONTAMINACIÓN
miembro de:
ASAMBLEA MENDOCINA POR EL AGUA PURA - AMPAP -
UNIÓN DE ASAMBLEAS CIUDADANAS - UAC -
visiten nuestro blog:
http://asambleapopularporelagua.blogspot.com

México: "Foro nacional en defensa de los pueblos del maíz y contra el maíz transgénico", en Guadalajara el 21 de noviembre


8 Noviembre 2009
Ilegal e inmoral, pero no impune
Silvia Ribeiro*

Contra viento y marea, en medio de innumerables críticas e irregularidades, el gobierno aprobó hasta el 27 de octubre, 22 siembras "experimentales" de maíz transgénico a favor de las trasnacionales Monsanto, Dow Agrosciences y Pioneer Hi Bred (esta última, propiedad de DuPont).

Estas tres empresas acaparan cerca de 40 por ciento del mercado global de semillas en general y más de 90 por ciento del mercado global de semillas transgénicas. Su avance en México en algo tan central como el maíz significa entregarles en bandeja las raíces, la historia y la soberanía alimentaria del país.

Esos "experimentos" cubrirían en total unos 120 mil metros cuadrados -área suficiente para provocar una debacle de contaminación transgénica en el maíz campesino y nativo de México- distribuidos en los estados de Sonora, Sinaloa, Tamaulipas y Chihuahua. Otras solicitudes de las trasnacionales que están en proceso, pretenden permisos para liberación en Jalisco, Cohauila y Durango, y van por más. Es ignominiosa (y fuertemente criticada incluso por muchos de sus propios investigadores, a los cuales se ha ignorado) la colaboración que reciben estas trasnacionales de organismos públicos como el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) que les brindan sus centros para experimentar. Además es paradójica, ya que el avance de las trasnacionales en el mercado semillero, apunta justamente a que instituciones públicas como el INIFAP desaparezcan. A algunos miembros de esta institución les parece mejor servirles desde ya, mal usando recursos y patrimonio públicos, quizá para ver si con el avance de la privatización les caen algunas migajas por el favor.

Ante esta situación, han habido múltiples respuestas y más vienen en camino. En Chihuahua, organizaciones campesinas, indígenas y ambientalistas anunciaron que no permitirán las siembras aún si para ello tuvieran que destruir las parcelas experimentales. En otros lugares han habido bloqueos y protestas locales. En muchas partes se discuten y planean acciones.

Greenpeace (además de otras acciones, como colgar una gran pancarta en el Ángel de la Independencia con el texto "Maíz transgénico-fin de la independencia") hizo una revisión exhaustiva de la legalidad de estas decisiones y presentó un recurso de revisión, demandando su anulación. En los documentos presentados (disponibles en www.greenpeace.org.mx), muestran cómo las instancias de gobierno violan varias leyes, incluyendo la de bioseguridad. Por ejemplo, no indican las fechas en que fueron otorgados los permisos, ni quiénes fueron los responsables de otorgarlos (en ambos casos, seguramente porque saben que es un crimen de lesa humanidad y pretenden ocultarse en la generalidad de las instituciones), tampoco dan la identificación precisa de los "agricultores cooperantes" en cuyos terrenos se realizarán las siembras; la ubicación de las parcelas es imprecisa o incluso falsa, y las coordenadas geográficas no coinciden con los predios presentados en las solicitudes de las empresas. El gobierno está obligado por ley a entregar todos estos datos al público, pero temen las consecuencias que les traería darlos a conocer.

Más grave aún, en ningún lugar detallan nada menos que la finalidad de tales actividades ni la medidas de bioseguridad, control y emergencia que se aplicarían. Al parecer, hasta los propios funcionarios saben que el "experimento" no tiene sentido en sí mismo -es apenas una formalidad- y que las medidas de "bioseguridad" son una farsa vergonzosa, que no podrán garantizar que no haya contaminación del maíz nativo, producto de 10 mil años de culturas y trabajo colectivo. Es increíble que tamañas decisiones hayan sido anunciadas al público a través de escuetos boletines de prensa, donde los funcionarios esbozan generalidades como que "cumplieron con la ley" y que "habrá bioseguridad". Documentos que comprueben tales afirmaciones: ninguno.

La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS, www.unionccs.net) reunió más de 700 firmas de apoyo de reconocidos científicos nacionales e internacionales para un "extrañamiento" que dirigen a Felipe Calderón contra la liberación del maíz transgénico en México. Al contrario de los funcionarios gubernamentales, presentan numerosos documentos, detallados y argumentados, que señalan debido a los enormes riesgos en que se coloca al maíz en su centro de origen y diversidad -que indican es todo el territorio nacional- y a que existe "amplia evidencia que demuestra que hay alternativas estables que pueden generar, e incluso superar, los beneficios que se pretende obtener con el maíz transgénico sin que impliquen los riesgos de esta tecnología", concluyen que "todas las siembras experimentales de maíz transgénico deben prohibirse, hasta que se resuelvan satisfactoriamente, desde el punto de vista científico y socioeconómico las inquietudes que han planteado".

La Red en Defensa del Maíz convoca a un "Foro nacional en defensa de los pueblos del maíz y contra el maíz transgénico", en Guadalajara el 21 de noviembre. El foro será en Jalisco, con la intención de estrechar los lazos y actividades conjuntas de organizaciones y comunidades de todo el país con las que están directamente en los estados donde se han autorizado las siembras. (Información en elcolectivocoa@gmail.com ) Sigue aquí y en muchas otras partes, organizándose la resistencia. No pasará impunemente la venta del patrimonio genético del país.

*Investigadora del Grupo ETC
http://www.jornada.unam.mx/2009/11/07/index.php?section=opinion&article=025a1eco

martes, 10 de noviembre de 2009

Chile: los mapuche denuncian violencia colonial


Frente a la Represión Estatal
(AW) El Estado chileno continúa con el legado de la dictadura: la represión ya carga con el asesinato de varios mapuche y la Justicia se ha encargado de hacer el resto, encarcelando a los dirigentes de ese pueblo.


Documento Político
La violencia colonial en Wallmapu


LUNES 09 DE NOVIEMBRE DE 2009

Los cuatro años de gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet se terminan con el Wallmapu en una espiral de violencia colonial que golpea de lleno a nuestro pueblo. La muerte de nuestros jóvenes, cobardemente asesinados por Carabineros de Chile; los traumatismos de nuestros niños, algunos de ellos incluso tiroteados con perdigones; las brutalidades contra nuestros ancianos, nuestros longko y machi, golpeados y humillados en los continuos allanamientos de nuestras comunidades por parte de efectivos del Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE), son la respuesta del Gobierno a las históricas reivindicaciones de nuestro pueblo.

Frente a las movilizaciones por la recuperación de tierras que legítimamente son nuestras, el Estado chileno ha optado por la represión, militarizando una vasta zona del País Mapuche. La estrategia es la intimidación, doblegar la voluntad, paralizar por miedo. La táctica son los allanamientos violentos contra las comunidades y hogares estudiantiles: se trata, en estos cuatro años, de cientos de allanamientos; algunas comunidades, como Temukuykuy, victimas de un estado de sitio permanente. El método es el ataque con tropas de choque, que equipadas con armas de guerra irrumpen brutalmente y en medio de insultos racistas golpean a las personas y destruyen sus casas. El costo humano para nuestro pueblo son cientos de heridos, muchos a bala o perdigón, algunos con secuelas físicas graves de por vida, y cientos de detenidos entre hombres, mujeres, niños y ancianos, todos maltratados y fichados como delincuentes.

Estamos aquí ante operaciones punitivas colectivas –pues la acción represiva no está dirigida contra una persona en particular sino contra la población de la reducción o los estudiantes del hogar en su conjunto– que se inscriben en una estrategia de intimidación dirigida contra todo el pueblo mapuche. Operaciones de este tipo fueron practicadas por la Dictadura, cuando tropas del Ejército tomaban por asalto poblaciones enteras como fue el caso de La Pincoya o La Victoria. El método de la punición colectiva es empleado hoy por el régimen chino contra tibetanos y uigures, por Turquía contra los kurdos o por Israel contra los palestinos; en el pasado lo usó la Francia colonial en Argelia e Inglaterra en Irlanda, también el Estado español contra los vascos y, desde luego, Chile y Argentina durante la «Pacificación de la Araucanía» y la «Campaña del Desierto», respectivamente. A lo largo de la historia ha sido siempre parte del arsenal represivo de los regímenes coloniales o de opresión nacional.

Carabineros es en Wallmapu una fuerza de ocupación y se comporta como tal; a ninguna categoría de la población chilena da el Estado el trato reservado a los mapuche. Las imágenes filmadas por Canal 13 el pasado 16 de octubre, que muestran cómo elementos del GOPE agreden salvajemente en la comisaría de Ercilla a nuestro peñi Carlos Kurinaw, hijo del longko de la comunidad Wañako Millaw, permiten hacerse una idea del comportamiento de esta tropa cuando opera al interior de las comunidades, lejos además de las cámaras de la televisión y los profesionales de la prensa. La violencia es también el hostigamiento policial, que en un contexto colonial es siempre racista. Una ilustración es la detención abusiva, el 3 de abril de 2008, de nuestro peñi Waykilaf Kadin cuando salía de la Intendencia Regional, filmada por un equipo de Canal 2 de Temuko presente en el lugar. La prepotencia policial fue tal que provocó la indignación del público presente, así como los comentarios escandalizados de un periodista del canal que cubría el hecho. Aquí la derecha no habla de vejámenes ni abusos policiales, por el contrario, guarda hipócrito silencio.

De la misma impunidad benefician los jefes policiales responsables del montaje destinado a encubrir el asesinato del peñi Jaime Mendoza Kollio. Quedó demostrado que las fuerzas represivas fabricaron pruebas y mintieron; más allá de un discreto y expedito traslado –en la misma función– a Magallanes del entonces Jefe de la IX Zona de Carabineros, Cristian Llévenes, ¿cuáles son las sanciones que el Gobierno prevé aplicar ante hechos de tal gravedad, comunes durante la pasada dictadura pero inaceptables en una democracia? ¿Qué garantía puede haber así de que se haga justicia y se castigue a los responsables de los asesinatos de Alex Lemun y Matías Katrileo, cuando sus casos radican en la justicia militar? En un verdadero Estado de derecho democrático los crímenes de militares contra civiles son competencia de la justicia penal ordinaria. No es el caso en un país como Chile, con una Constitución heredada de la dictadura y con poderes fácticos que han secuestrado por décadas la soberanía popular.

La represión policial va acompañada, lógicamente, de la represión judicial. E incluso del ensañamiento judicial, cuando se trata de dar satisfacción a los poderosos: la condena el 2003 a cinco años de cárcel por «amenaza terrorista» de los longko Pascual Pichun y Aniceto Norin, ilustra bien la parcialidad de la justicia. Reclamada por Agustín Figueroa, latifundista en Wallmapu, miembro de la Corte Suprema y ex ministro del Presidente Patricio Aylwin, la condena la consiguió en un segundo juicio, luego que un primer juicio absolviera a los longko. Se trata de juicios políticos, dirigidos contra militantes a quienes se les aplica la Ley de Seguridad Interior del Estado y la Ley Antiterrorista. El uso de una legislación de excepción por parte del Estado es criticado no sólo en Chile sino también por importantes organismos internacionales de Derechos Humanos. Ya en 2003 el informe elaborado por el Relator Especial sobre la situación de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales de los indígenas, Rodolfo Stavenhagen, del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, instaba al Gobierno a renunciar a su utilización por ser desproporcionada. En 2009, el nuevo Relator Especial James Anaya, en un segundo informe sobre la situación vuelve a insistir en el mismo sentido.

El responsable político de la represión contra nuestro pueblo es naturalmente el Gobierno de Chile, que no ha estado a la altura del conflicto en Wallmapu. Más aun, que no quiere ver su naturaleza política ni sus raíces históricas, criminalizando las movilizaciones y encarcelando nuestros hermanos. En vez de examinar el problema en toda su magnitud y complejidad y abordar las causas de fondo y buscarle solución, el Gobierno se ha comportado como simple sirviente de la CORMA, la SOFO y los latifundistas. Ha invertido cientos de miles de dólares para la protección de latifundistas y plantaciones forestales; otros cientos de miles son invertidos para el equipamiento de las fuerzas represivas utilizadas contra los mapuche. Todo un despliegue de medios y recursos por parte del Estado para resguardar los privilegios de los poderosos y reprimir a nuestra gente de las reducciones.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Reclamo de ladrilleros pampeanos

Somos un grupo de ladrilleros en lucha de la provincia de La Pampa.
La actividad ladrillera está quebrada.
A partir de la situación que vivimos, presionados por la crisis, la falta de lluvias que desfavorece la actividad agropecuaria que por esta región es indispensable para el desarrollo del resto de las actividades que se quieran desarrollar, tales como obras particulares donde nosotros podemos colocar nuestra producción y las visitas de AFIP haciendo operativos de control en una actividad como la ladrillera que siempre estuvo marginada y nunca tuvo un lugar dentro de la sociedad.
Por todo esto nos vimos obligados a buscar la manera de realizar un convenio.
Comenzando por relaciones laborales, donde se nos comunicó que nunca se había hecho un trato y nos dijeron que era necesario sancionar una ley y que debíamos ir a la lesgislatura, pues allí fuimos y nos dijeron que tenían que elaborar un proyecto que como todos sabemos, lleva tiempo, por lo tanto, seguía presionando nuestra difícil situación. Entonces, el 15 de Septiembre del año 2009 decidimos enviar una misiva al señor gobernador para que tuviera conocimiento de la situación, tenemos la copia de la misma con el sello de ingreso.
Los párrafos sobresalientes serían:
. que lo de la ley lleva tiempo, le pedimos que agilice los trámites. Nosotros no le pedimos ni crédito, ni subsidio, queremos trabajar, integrarnos a la sociedad mediante la creación de la ley y para esto que nos tuviera en cuenta en la obra pública en los próximos pliegos licitatorios de las casas de barrios a realizarse en la provincia. Porque los realizados hasta ahora se han hecho con ladrillos céramicos que no se producen en La Pampa y ladrillones que vienen de Mendoza subsidiados a un precio muy bajo, inferior a nuestros costos.
No hemos obtenido respuesta hasta el momento, visitamos a AFIP, hablamos con la jefa preguntando de qué manera controlar la entrada de ladrillos de Mendoza para que tengamos igualdad de condiciones y nos dijo que era una decisión política, fuimos a Casa De Gobierno a la Subsecretaría de Industria y Producción , donde el señor Bruna dijo que no se podía controlar la entrada de los ladrillos mendocinos, entonces decidimos hacer público el reclamo para que aparezca el responsable de la situación.

Mientras de un lado del Parque Recreativo "Don Tomás", el 18 de Diciembre la presidenta vendrá a inaugurar con bombos y platillos la monumental obra de la Ciudad Judicial que nos cuesta más de 50 millones de pesos, a 1000 metros la obra inconclusa del megaestadio en la cual se gastó otro montón de dinero, del lado opuesto hay gente trabajadora y humilde con ganas de producir y ganarse su sustento dignamente y las autoridades están ajenas a la situación y tendrían que ver nuestros amigos de la localidad de Cachirulo, productores de ladrillos en la deprimente situación que se encuentran, como así también los de la localidad de Toay.
Ya no están por estos lares ni CALZAR, ni CABLOPAMPEANA, ni INDUMENTARIA ARGENTINA, ni BOPASA, ni el MOLINO WERNER, ni LÁCTEOS PAMPA, o sea digamos no se está produciendo nada. Nosotros seríamos los únicos que a duras penas estamos subsistiendo, queremos producir, integrarnos a la sociedad y parece que esto fuera algo extraño(¿Querer producir? ) como si fuera lo más estúpido que se nos ocurre.


NECESITAMOS QUE USTEDES NOS DEN UNA MANO EN ESTO, ESTAMOS MUY SOLOS. MUCHAS GRACIAS.


Rubén Arrieta D.N.I: 13956390

Ecosocialismo: hacia una nueva civilización

04/11/2009 in Panorama Nacional
por Michael Löwy*
Las presentes crisis económica y ecológica son parte de una coyuntura histórica más general: estamos enfrentados con una crisis del presente modelo de civilización, la civilización Occidental moderna capitalista/industrial, basada en la ilimitada expansión y acumulación de capital, en la “mercantilización de todo” (Immanuel Wallerstein), en la despiadada explotación del trabajo y la naturaleza, en el individualismo y la competencia brutales, y en la destrucción masiva del medio ambiente. La creciente amenaza de ruptura del equilibrio ecológico apunta a un escenario catastrófico –el calentamiento global– que pone en peligro la supervivencia misma de la especie humana. Enfrentamos una crisis de civilización que demanda un cambio radical.[1]
Ecosocialismo es un intento de ofrecer una alternativa civilizatoria radical, fundada en los argumentos básicos del movimiento ecológico, y en la crítica marxista de la economía política. Opone al progreso destructivo capitalista (Marx) una política económica basada en criterios no monetarios y extraeconómicos: las necesidades sociales y el equilibrio ecológico. Esta síntesis dialéctica, intentada por un amplio espectro de autores, desde James O’Connor a Joel Kovel y John Bellamy Foster, y desde André Gorz (en sus escritos juveniles) a Elmar Altvater, es al mismo tiempo una crítica de la “ecología de mercado”, que no desafía el sistema capitalista, y del “socialismo productivista”, que ignora la cuestión de los limites naturales.
Según James O’Connor, el objetivo del socialismo ecológico es una nueva sociedad basada en la racionalidad ecológica, en el control democrático, en la equidad social, y el predominio del valor de uso sobre el valor de cambio. Agregaría que este objetivo requiere: a) propiedad colectiva de los medios de producción –“colectiva” quiere decir propiedad pública, cooperativa o comunitaria–; b) planificación democrática que permita a la sociedad definir metas de inversión y producción; y c) una nueva estructura tecnológica de las fuerzas productivas. En otros términos: una transformación social y económica revolucionaria.[2]
El problema con las tendencias dominantes de la izquierda durante el siglo XX –la socialdemocracia y el movimiento comunista de inspiración soviética– fue la aceptación del modelo de fuerzas productivas realmente existente. Mientras la primera se limita a una versión reformada –a lo sumo keynesiana– del sistema capitalista, el segundo desarrolló una forma colectivista – o capitalista de Estado– de productivismo. En ambos casos, la cuestión del medio ambiente quedó descartada, o fue marginada.
Los propios Marx y Engels no ignoraban las consecuencias ambientales destructivas del modo de producción capitalista: hay varios pasajes en El capital y otros escritos que muestran esta comprensión.[3] Creían además que el objetivo del socialismo no era producir cada vez más mercancías,sino dar a los seres humanos tiempo libre para el pleno desarrollo de sus potencialidades. De modo que ellos tienen poco en común con el “productivismo”, esto es, con la idea de que la ilimitada expansión de la producción es un objetivo en sí mismo.
Sin embargo, hay algunos pasajes en sus escritos que parecen sugerir que el socialismo permitiría el desarrollo de las fuerzas productivas más allá de los límites impuestos a estas por el sistema capitalista. Según este enfoque, la transformación socialista solo tendría que ver con las relaciones de producción capitalistas, convertidas en un obstáculo para el libre desarrollo de las fuerzas productivas existentes (se suele decir que las “encadena”); el socialismo significaría sobre todo la apropiación social de estas capacidades productivas, que las pondría al servicio de los trabajadores. Para citar un pasaje del Anti-Dühring, un trabajo canónico para varias generaciones de marxistas: el socialismo permitiría “que la sociedad, abiertamente y sin rodeos, tome posesión de esas fuerzas productivas que ya no admiten más dirección que la suya”.[4]
La experiencia de la Unión Soviética ilustra los problemas que se derivan de una apropiación colectivista del aparato de producción capitalista: desde el comienzo, predominó la tesis de la socialización de las fuerzas de producción existentes. Es cierto que, durante los primeros años tras la Revolución de Octubre, pudo desarrollarse una corriente ecológica y algunas (limitadas) medidas proteccionistas fueron tomadas por las autoridades soviéticas. Sin embargo, con el proceso de burocratización stalinista, las tendencias productivas, en la industria y la agricultura, fueron impuestas con métodos totalitarios, en tanto los ecologistas fueron marginados o eliminados. La catástrofe de Chernobil es un ejemplo extremo de las desastrosas consecuencias que tuvo la imitación de las tecnologías productivas de Occidente. Un cambio en las formas de propiedad que no sea seguido por la gestión democrática y la reorganización del sistema productivo solo puede llevar a un final terrible.
Los marxistas pueden inspirarse en lo que destacaba Marx en relación con la Comuna de Paris: los trabajadores no pueden tomar posesión del aparato del Estado capitalista y ponerlo a funcionar a su servicio. Deben “demolerlo” y reemplazarlo por una forma de poder político radicalmente diferente, democrático y no estatal.
Lo mismo es aplicable, mutatis mutandis, al aparato productivo: por su naturaleza, su estructura, no es neutral, sino que está al servicio de la acumulación de capital y de la ilimitada expansión del mercado. Está en contradicción con las necesidades de protección del ambiente y de la salud de la población. Es preciso, por lo tanto, “revolucionarlo”, en un proceso de transformación radical. Esto puede significar cancelar ciertas ramas de la producción: por ejemplo, las plantas nucleares, algunos métodos masivos/industriales de pesca (responsables por el exterminio de varias especies en los mares), la tala destructiva de selvas tropicales, etcétera (¡la lista es muy larga!). En cualquier caso, las fuerzas productivas, y no solo las relaciones de producción, deben ser transformadas profundamente, comenzando por una revolución del sistema energético, reemplazando los actuales recursos –esencialmente fósiles– responsables de la contaminación y envenenamiento del ambiente, por otros renovables, como el agua, el viento y el sol. Por supuesto, muchos logros científicos y tecnológicos modernos son valiosos, pero el sistema de producción debe ser transformado en su conjunto, y esto solo puede hacerse a través de métodos ecosocialistas, esto es, a través de una planificación democrática de la economía que tenga en cuenta la preservación del equilibrio ecológico.
El tema de la energía es decisivo para este proceso de cambio civilizatorio. Las energías fósiles (petróleo, carbón) son grandes responsables de la contaminación del planeta, como ocurre con el desastroso cambio climático; la energía nuclear es una falsa alternativa, no solo por el peligro de nuevos Chernobils, sino también porque nadie sabe qué hacer con las miles de toneladas de desperdicio radioactivo –tóxicos durante cientos, miles y en algunos casos millones de años– y las masas gigantescas de plantas obsoletas contaminadas. La energía solar, que nunca despertó mucho interés en las sociedades capitalistas, por no ser “rentable” ni “competitiva”, se convertiría en un objeto de investigación y desarrollo intensivo, y jugaría un papel central en la construcción de un sistema de energía alternativo.
Sectores enteros del sistema productivo deberían ser suprimidos o reestructurados, y otros nuevos deben desarrollarse, bajo la necesaria condición de pleno empleo para toda la fuerza laboral, en iguales condiciones de trabajo y salario. Esta condición es esencial, no solo porque es un requerimiento de la justicia social, sino para asegurar el apoyo de los trabajadores al proceso de transformación estructural de las fuerzas productivas. Proceso que es imposible sin el control público sobre los medios de producción y planificación, es decir, sin decisiones públicas sobre inversión y cambio tecnológico, que deben tomarse de los bancos y empresas capitalistaspara ponerlos al servicio del bien común de la sociedad.
La sociedad misma, y no un pequeño grupo de propietarios oligárquicos –ni una élite de tecno-burócratas– deben poder elegir, democráticamente, qué líneas productivas han de privilegiarse, y cuántos recursos deben invertirse en educación, salud o cultura. Los precios de los propios bienes no deben quedar librados a las “leyes de oferta y demanda” sino, hasta cierto punto, determinados de acuerdo con opciones políticas y sociales, así como con criterio ecológico, imponiendo impuestos a ciertos productos y precios subsidiados para otros. En términos ideales, a medida que avance la transición hacia el socialismo, cada vez más productos y servicios se distribuirían libres de cargo, de acuerdo con el deseo de los ciudadanos. Lejos de ser algo “despótico” en sí misma, la planificación es el ejercicio, por la sociedad toda, de sus libertades: libertad de decisión, y liberación de las alienantes y cosificadas “leyes económicas” del sistema capitalista, que determina la vida y muerte de los individuos, y los encierra en una “jaula de hierro” económica(Max Weber).La planificacióny la reducción de las horas de trabajo son los dos pasos decisivos de la humanidad hacia lo que Marx llamó “el reino de la libertad”. Un incremento significativo del tiempo libre es una condición para la participación democrática del pueblo trabajador en la discusión democrática y el manejo de la economía y la sociedad.
La concepción socialista de planificación no es más que la radical democratización de la economía: si las decisiones políticas no deben ser dejadas en manos de una pequeña élite de gobernantes, ¿por qué no aplicar el mismo principio a las decisiones económicas? Estoy dejando de lado el tema de la proporción específica entre planificación y mecanismos de mercado: durante los primeros pasos de una nueva sociedad, los mercados mantendrían ciertamente un lugar importante, pero al avanzar la transición hacia el socialismo, la planificación se volvería cada vez más predominante, a expensas de la ley del valor de cambio.
En tanto en el capitalismo el valor de uso es solo un medio, a veces un engaño, al servicio del valor de cambio y la ganancia –lo que explica, dicho sea de paso, por qué tantos productos en la sociedad son sustancialmente innecesarios–, en una economía socialista planificada el valor de uso es el único criterio para la producción de bienes y servicios, con consecuencias económicas, sociales y ecológicas de largo alcance. Como observó Joel Kovel: “El acrecentamiento de los valores de usoy la correspondiente reestructuración de las necesidades se convierten ahora en los reguladores sociales de la tecnología, en lugar de ser esta, como bajo el capital, conversión de tiempo en plusvalía y dinero”.[5]
En una producción racionalmente organizada, el plan concierne a las principales opciones económicas, no a la administración de restaurantes, verdulerías y panaderías, negocios pequeños, empresas de artesanos o servicios. Es importante enfatizar que la planificación no es contradictoria con la autogestión por los trabajadores de sus unidades de producción: mientras que la decisión de transformar una planta automotrizen una que produce colectivos y tranvías es tomada por la sociedad como un todo mediante el plan, la organización interna y el funcionamiento de la planta estarán democráticamente manejados por sus propios trabajadores. Mucho se ha discutido sobre el carácter “centralizado” o “descentralizado” de la planificación, pero puede decirse que la cuestión es realmente el control democrático del plan a todos los niveles, local, regional, nacional, continental y, esperemos, internacional: temas ecológicos como el calentamiento global son planetarios y solo pueden ser tratados a escala global. Se podría llamar esta propuesta “planeamiento democrático global”; y es bastante opuesta a lo que usualmente se describe como “planificación central”, dado que las decisiones económicas y sociales no son tomadas por algún “centro”, sino democráticamente decididas por la población en cuestión.
Una planificación ecosocialista está basada entonces en un debate pluralista y democrático, en todos los niveles donde las decisiones deben ser tomadas: las diferentes propuestas son sometidas a la gente en cuestión, bajo la forma de partidos, plataformas, o cualquier otro movimiento político, y de acuerdo con esto se eligen delegados. Sin embargo, la democracia representativa debe ser completada –y corregida– por una democracia directa, donde la gente directamente elige –nivel local, nacional y, por último, global– ntre grandes opciones sociales y ecológicas: ¿el transporte público debe ser gratis? ¿Deben impuestos especiales los dueños de autos privados pagar para subsidiar el transporte público? ¿Debe la energía solar ser subsidiada para que compita con la energía fósil? ¿Deben reducirse las horas de trabajo semanal a 30, 25 o menos horas, aunque esto signifique la reducción de la producción? La naturaleza democrática de planificación no es contradictoria con la existencia de expertos, pero el papel de estos no es decidir, sino presentar sus puntos de vista –a veces distintos, si no contradictorios– a la población y dejar que esta elija la mejor solución.
¿Qué garantía hay de que la gente vaya a tomar decisiones ecológicas correctas, al precio de dejar de lado algunos hábitos de consumo? No existe una “garantía” que no sea apostar a la racionalidad de las decisiones democráticas, una vez que el poder del fetichismo de la mercancía esté roto. Por supuesto, existirán errores en las opciones populares, pero ¿quién cree que los expertos mismos no cometen errores? Uno no puede imaginar el establecimiento de dicha nueva sociedad sin que la mayoría de la población haya logrado, por sus luchas, su propia educación, y experiencia social, un alto nivel de conciencia socialista/ecológica; y esto hace razonable suponer que los errores, incluyendo decisiones que son inconsistentes con las necesidades del medio ambiente, van a corregirse. De cualquier modo, ¿no son acaso las alternativas propuestas –el mercado ciego, o una ecológica dictadura de “expertos”. mucho más peligrosas que el proceso democrático, con todas sus contradicciones?
El pasaje del “progreso destructivo” capitalista al ecosocialismo es un proceso histórico, una transformación permanentemente revolucionaria de la sociedad, de la cultura y de las mentalidades. Esta transición debe llevar, no solo a un nuevo modo de producción y a una sociedad igualitaria y democrática, sino también a un modo de vida alternativo, a una nueva civilización ecosocialista, mas allá del reino del dinero, mas allá de los hábitos de consumo artificialmente producidos por la publicidad, y mas allá de la producción sin límites de mercancías innecesarias y/o nocivas para el medio ambiente. Es importante enfatizar que semejante proceso no puede comenzar sin una transformación revolucionaria en las estructuras sociales y políticas, y el apoyo activo, por una vasta mayoría de la población, a un programa ecologista. El desarrollo de la conciencia socialista y la preocupación ecológica es un proceso, donde el factor decisivo es la propia experiencia de lucha popular, desde confrontaciones locales y parciales al cambio radical de la sociedad.
¿Hay que promover el desarrollo, o se debe elegir el “decrecimiento”? Me parece que ambas opciones comparten una concepción meramente cuantitativa del “crecimiento” –positivo o negativo– o de desarrollo de las fuerzas productivas. Hay una tercera postura, que me parece más apropiada: una transformación cualitativa del desarrollo. Esto significa poner fin al monstruoso despilfarro de recursos del capitalismo basado en la producción a gran escala de productos innecesarios y/o nocivos: las industrias de armamentos de son un buen ejemplo de esto, pero una gran parte de los “bienes” producidos en el capitalismo –con sus inherentes obsolescencias– no tienen mas utilidad que generar ganancias para las grandes corporaciones. La cuestión central no es el “consumo excesivo” en abstracto, sino el prevaleciente tipo de consumo, basado como está en la apropiación ostentosa, el desperdicio masivo, la alienación mercantilista, la obsesiva acumulación de bienes, y la compulsiva adquisición de seudonovedades impuestas por la “moda”. Una nueva sociedad orientaría la producción hacia la satisfacción de bienes auténticos, comenzando con aquellos que podrían describirse como “bíblicos” –agua, comida, ropa, hogar– pero incluyendo también servicios básicos: salud, educación, transporte, cultura.
Obviamente, los países del Sur, donde estas necesidades están lejos de ser satisfechas, van a necesitar de un nivel de “desarrollo” mucho mayor que los países avanzados industrialmente: construcción de rutas, hospitales, sistemas de cloacas, y otras infraestructuras. Pero no hay razón por la cual esto no pueda llevarse a cabo con un sistema productivo que sea amigable con el ambiente y que esté basado en energías renovables. Estos países necesitarán cultivar grandes cantidades de comida para nutrir su población hambrienta, pero esto puede ser mucho mejor alcanzado –como los movimientos campesinos organizados en el mundo en la red Via Campesina han estado reclamando por años– por una agricultura campesina biológica basada en unidades familiares, granjas cooperativas o colectivistas, mas que por los métodos destructivos y antisociales de empresas industriales/ganaderas, basadas en el uso intensivo de pesticidas, químicos y OGMs (Organismos Genéticamente Modificados). En vez del monstruoso sistema actual de endeudamiento y de explotación imperialistas de los recursos del Sur por parte de los países capitalistas/industriales, debería haber una corriente de ayuda tecnológica y económica desde el Norte hacia el Sur, sin que sea necesario –como algunos puritanos y ascéticos ecologistas parecen creer– que la población en Europa o Norteamérica “reduzca su calidad de vida”: solo deberán privarse del consumo obsesivo, inducido por el sistema capitalista, de mercancías inútiles que no corresponden a ninguna necesidad real.
¿Cómo distinguir las necesidades autenticas de las artificiales, falsas y provisionales? Las últimas son introducidas por la manipulación mental, esto es, la publicidad. El sistema publicitario ha invadido todas las esferas de la vida humana en las sociedades capitalistas modernas: no solo en cuanto al alimento y la ropa, sino también a los deportes, la cultura, la religión y la política que son moldeadas de acuerdo con sus reglas. Ha invadido nuestras calles, casillas de correo electrónico, pantallas de televisión, periódicos, paisajes, de un modo permanente, agresivo e insidioso que definitivamente contribuye a hábitos de consumo indudables y compulsivos. Además, desperdicia una cantidad astronómica de petróleo, electricidad, tiempo de trabajo, papel, químicos, y otras materias primas -todas pagadas por los consumidores- en una rama de producción que no es solo innecesaria desde el punto de vista humano, sino directamente contrapuesta a las necesidades reales de la sociedad. Mientras la publicidad es una dimensión indispensable de la economía de mercado capitalista, no tendría lugar en una sociedad en transición al socialismo, donde sería reemplazada por información sobre bienes y servicios facilitados por asociaciones de consumo. El criterio para distinguir una necesidad autentica de una artificial, es su persistencia después de la supresión de la publicidad (¡Coca-Cola!). Por supuesto, durante algunos años, los hábitos de consumo persistir inútiles persistirán; y nadie tiene el derecho de decirle a la gente cuáles son sus necesidades. El cambio en los patrones de consumo es un proceso histórico, así como un desafío educativo.
Algunas mercancías, como el auto individual, implican problemas más complejos. Los autos particulares son un problema público: matan y lesionan anualmente a miles de personas a escala mundial, contamina el aire en las grandes ciudades –con directas consecuencias para la salud de los niños y ancianos– y contribuyen de manera significativa al cambio climático. Sin embargo, responden a necesidades reales, al transportar a la gente a sus trabajos, casas o actividades de ocio. Experiencias locales en algunas ciudades europeas con administraciones con cuidados ecológicos muestran que es posible –con aprobación de la mayoría de la población– limitar progresivamente el porcentaje de automóviles individuales en circulación a favor de colectivos y tranvías. En un proceso de transición al ecosocialismo, donde el transporte público –subterráneo o no– estaría ampliamente extendido y sería gratuito para los usuarios, y donde los peatones y ciclistas tendrían sendas protegidas, el auto privado tendría un papel mucho menor que en la sociedad burguesa, donde se ha convertido en un una mercancía fetiche –promovida con una incisiva y agresiva publicidad–, un símbolo de prestigio, un signo de identidad (en los Estados Unidos, la licencia de conducir es un documento de identidad reconocido) central en la vida personal, social y erótica.
El ecosocialismo está basado en una apuesta que ya había promovido Marx: el predominio, en una sociedad sin clases y liberada de la alienación capitalista, del “ser” por encima del “tener”; vale decir, de tiempo libre para la realización personal mediante actividades culturales, deportivas, lúdicas, científicas, eróticas, artísticas y políticas, en lugar del deseo de poseer una infinidad de productos. La adquisición compulsiva es inducida por el fetichismo de la mercancíainherente al sistema capitalista, por la ideología dominante y por la propaganda: no existe ninguna prueba de que esto sea parte de la “eterna naturaleza humana”, como el discurso reaccionario quiere hacernos creer. Como Ernest Mandel enfatizó:
La continua acumulación de cada vez más mercancías (con una “utilidad marginal” decreciente) no es de ninguna manera una característica universal o incluso predominante de la naturaleza humana. El desarrollo de talentos e inclinaciones por su propio bien; la protección de la salud y la vida; el cuidado de los niños; el desarrollo de ricas relaciones sociales [...]; todos estos factores se convierten en motivaciones fundamentales una vez que las necesidades materiales básicas han sido satisfechas.[6]
Esto no significa que no surgirán conflictos, particularmente durante el proceso de transición, entre los requerimientos de la protección del ambiente y las necesidades sociales, entre los imperativos ecológicos y la necesidad de desarrollar infraestructuras básicas, particularmente en los países pobres, entre los hábitos de consumo populares y la escasez de recursos. ¡Una sociedad sin clases no es una sociedad sin contradicciones ni conflictos! Estos son inevitables: resolverlos será la tarea de una planificación democrática, en una perspectiva ecosocialista, liberada de los imperativos del capital y la obtención de ganancias, mediante una discusión abierta y pluralista, que desemboque en la toma de decisiones por la misma sociedad. Esta democracia arraigada y participativa es el único camino, no de prevenir errores, sino de permitir la autocorrección, por parte de la colectividad social, de sus propios errores.
¿Es esta una utopía? En su sentido etimológico –“algo que existe en ningún lado”–, ciertamente lo es. ¿Pero no son las utopías visiones de un futuro alternativo, imágenes deseadas de una sociedad diferente, un aspecto necesario de cualquier movimiento que quiere desafiar el orden establecido? Como explicó Daniel Singer en su testamente literario y político, Whose Millenium?, en un intenso capitulo titulado “Utopía realista”:
si el establishment ahora se ve tan sólido, a pesar de las circunstancias, y si el movimiento obrero o la izquierda en general están tan incapacitados, tan paralizados, es por la inaptitud para ofrecer una alternativa radical. [...] La regla básica del juego es que no se cuestione ni lo fundamental del argumento ni los fundamentos de la sociedad. Solo una alternativa global, que rompa con esas reglas de resignación y abdicación, puede dar al movimiento emancipatorio un impulso genuina.[7]
La utopía socialista y ecológica es solo una posibilidad objetiva, no el inevitable resultado de las contradicciones del capitalismo, o de las “leyes de hierro de la historia”. No es posible predecir el futuro sino en términos condicionales: ante la ausencia de una transformación ecosocialista, de un cambio radical en el paradigma civilizatorio, la lógica del capitalismo llevará al planeta a desastres ecológicos dramáticos, amenazando la salud y la vida de billones de seres humanos, y tal vez hasta la supervivencia de nuestra especie.
* * * *
Soñar y luchar por una nueva civilización no significa que no se pelee por concretas y urgentes reformas. Sin ninguna ilusión en un “capitalismo limpio”, uno debe tratar de ganar tiempo, y de imponer, a los poderes existen, algunos cambios elementales: la prohibición de HCFCs que están destruyendo la capa de ozono, una moratoria general en organismos genéticamente modificados, una drástica reducción en la emisión de gases con efecto invernadero, el desarrollo del transporte público, los impuestos para autos contaminantes, el reemplazo progresivo de camiones por trenes, una regulación severa de la industria pesquera, así como del uso de pesticidas y químicos en la producción agroindustrial. Estos y otros temas similares están en el corazón de la agenda del Global Justice Movement y el Foro Social Mundial, que han permitido, desde Seattle en 1999, la convergencia de movimientos sociales y ambientales en una lucha común en contra del sistema.
Estas urgentes demandas ecosociales pueden llevar a procesos de radicalización, a condición de no aceptar que se limiten sus objetivos conforme a los requerimientos del “mercado (capitalista)” o de la “competitividad”. De acuerdo a la lógica de lo que los marxistas llaman “un programa transicional”, cada pequeña victoria, cada avance parcial puede llevar inmediatamente a una demanda mayor, a un objetivo más radical.
Dichas luchas alrededor de temas concretos son importantes, no solo porque las victorias parciales son bienvenidas en sí mismas, sino también porque contribuyen a aumentar la conciencia social y ecológica, y porque promueven la actividad y autoorganización desde abajo: ambos son precondiciones decisivas y necesarias para una transformación radical del mundo, es decir, revolucionaria.
No hay razón para el optimismo: las entrelazadas élites gobernantes del sistema son increíblemente poderosas y las fuerzas radicales de oposición aún son chicas. Pero constituyen la única esperanza de que el catastrófico curso del “crecimiento” capitalista sea detenido. Walter Benjamin no definió la revolución como la locomotora de la historia, sino como el acto por el cual la humanidad acciona los frenos de emergencia del tren antes de caer al precipicio…

Publicado en Herramienta. Artículo enviado por el autor, traducido del inglés por María Luján Veiga.
* Löwy, Michael. Sociólogo brasileño e investigador del Consejo Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia. Autor, entre otros, de: Sublevación de melancolía: el romanticismo de contramano con la modernidad; El pensamiento del Che; La revolución en el Joven Marx; Dialéctica y Revolución; Marxismo y Teología de la Liberación. Colaborador y miembro del Consejo Asesor de Herramienta.
[1] Un notable análisis de la lógica destructiva del capital puede encontrarse en Joel Kovel, The Enemy of Nature. The End of Capitalism or the End of the World ?, N.York,; Zed Books, 2002. [Edición en castellano: El enemigo de la naturaleza. ¿El fin del capitalismo o el fin del mundo?, Buenos Aires, Asociación Civil Tesis 11, 2005.]
[2] John Bellamy Foster usa el concepto de “revolución ecológica”, pero argumenta que “una revolución ecológica global merecedora del nombre solo puede ocurrir como parte de una más amplia revolución social; y, yo insistiría, socialista. Dicha revolución [...] demandaría, como insistía Marx, que los productores asociados regulen racionalmente la relación metabólica del hombre con la naturaleza. [...] Debe inspirarse en William Morris, uno de los mas originales y ecologistas seguidores de Karl Marx, de Gandhi, y de otras figuras radicales, revolucionarias y materialistas, incluyendo a Marx mismo, llegando tan lejos como a Epicuro”. (“Organizing Ecological Revolution”, Monthly Review 57.5 (octubre de 2005), pp. 9-10).
[3] Ver John Bellamy Foster, Marx’s Ecology. Materialism and Nature, Nueva York, Monthly Review Press, 2000.
[4] F.Engels, Anti-Dühring, París, Ed. Sociales, 1950, p. 318. [Hay muchas ed. en castellano; cf.: México, Ediciones Fuente Cultural, 1945, p. 284.
[5] Joel Kovel, Enemy of Nature, p. 215 [ed. en castellano: p. 222]
[6] Ernest Mandel, Power and Money. A Marxist Theory o Bureaucracy, Londres, Verso, 1992, p. 206. [Hay edición en castellano: El Poder y el Dinero. Contribución a la teoría de la posible extinción del estado, México, Siglo Veintiuno, 1994, p. 294.
[7] D. Singer, Whose Millenium? Theirs or Ours?,Nueva York, Monthly Review Press, 1999, pp. 259-260.